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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 40

CAPITULO 40- ERES UN COBARDE.

Esa noche, Grace estaba en su habitación terminando de arreglarse para la cena con Aaron. Se miró en el espejo mientras pasaba el cepillo por su cabello, pero las palabras que le habia dicho a Lucien seguían resonando en su mente. La frustración y dolor cruzó su rostro antes de dejar el cepillo con brusquedad sobre la mesa.

—¡Basta, Grace! —se dijo a sí misma —. No puedes seguir así... No puedes seguir queriéndolo cuando él solo sabe hacerte daño.

Sus ojos brillaron, pero no dejó que las lágrimas cayeran. Inspiró profundamente y volvió a mirarse al espejo. Por otro lado, sabía que Aaron era un buen hombre. Ya no había dudas de que sentía algo por ella. Pero también sabía que no podía corresponderle.

—No es justo para él —murmuró, enderezándose y fijando la mirada en su reflejo—. Por lo que merece que sea ser sincera. Él se merece algo real.

Con una nueva determinación, respiró hondo, se dio la vuelta y salió de la habitación. Cuando bajó las escaleras, Aaron ya la esperaba en la sala. Estaba de pie, vistiendo pantalones oscuros y una camisa blanca ligeramente remangada, que dejaba entrever la fuerza de sus brazos. En las manos sostenía un ramo de flores frescas.

En cuanto la vio, sonrió y avanzó hacia ella.

—¿Sabes algo? —dijo, ofreciéndole el ramo con un toque coqueto—. Es injusto para estas flores competir con alguien tan hermosa.

Grace sonrió mientras tomaba el ramo.

—Gracias, Aaron. —Su voz sonaba suave, pero firme.

―No. El agradecido soy yo…Grace.

Él le ofreció el brazo, y ella lo aceptó. Y juntos se dirigieron hacia la puerta principal. Pero desde un rincón de las escaleras, tres pares de ojitos observaban con curiosidad y emociones encontradas. Emma, Olivia y James, los trillizos, seguían cada movimiento de Grace y Aaron.

—¡Más vale que el tío Aaron sea bueno con Grace! —dijo Emma con una gran sonrisa—. Si se casan, ella será nuestra tía. ¡Y sería la mejor tía del mundo!

Olivia aplaudió emocionada.

—¿Y si se convierte en nuestra tía, ya no se irá nunca? —preguntó, llena de ilusión—. Porque si el tío Aaron vive aquí, Grace también vivirá con nosotros, ¿verdad?

Los ojos de las niñas brillaron ante la idea, sin embargo James mantenía el rostro serio. Emma lo notó y ladeó la cabeza.

—¿James, no estás feliz de que Grace y el tío Aaron sean novios?

El chiquillo apretó los labios antes de responder con voz firme, pese a su edad.

—No quiero que Grace sea nuestra tía. Quiero que sea nuestra mamá.

Emma y Olivia se quedaron en silencio. Luego, Emma frunció el ceño.

—Yo también quiero que sea nuestra mamá —admitió, bajando la voz—. Pero papá tiene que casarse con Alessia... la bruja.

Olivia asintió mientras abrazaba su osito de peluche con fuerza. Pero James se levantó con determinación y miró a sus hermanas.

—Entonces tenemos que hablar con papá para que se case con Grace y no con Alessia.

Las niñas lo miraron perplejas. James cruzó los brazos, con una expresión posesiva que recordaba mucho a la de su padre.

—Grace solo puede ser nuestra mamá. Y si es nuestra mamá, solo puede ser de papá, no del tío Aaron.

Dicho esto, se dio la vuelta con un gesto decidido. Emma lo siguió con los ojos bien abiertos antes de volverse hacia Olivia.

—¡Ahora suena como papá! —exclamó sorprendida antes de correr tras él.

Olivia miró a su osito y luego también salió tras sus hermanos. Poco después, la puerta de la habitación de Lucien se abrió de golpe, y los trillizos aparecieron al otro lado.

Emma y Olivia estaban algo nerviosas, pero James avanzó con paso firme, su pequeño rostro serio y decidido. Lucien, que estaba junto a la ventana revisando unos documentos, levantó la vista, sorprendido por la inesperada interrupción.

—¿Qué hacen aquí a esta hora? —preguntó, dejando los papeles sobre el escritorio y yendo hacia ellos.

James no titubeó.

Caminó hasta quedar frente a su padre, con los puños apretados y el ceño fruncido. Había algo en su mirada que, a pesar de su corta edad, transmitía una intensidad que no podía ser ignorada.

—Papá —comenzó con voz firme, aunque su tono infantil revelaba su vulnerabilidad—. Tienes que casarte con Grace. No con Alessia.

Lucien parpadeó, sorprendido por la declaración. Miró a su hijo, luego a las niñas que estaban detrás, y volvió a James.

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