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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 39

CAPITULO 39- YA NO ERES PARTE DE MI VIDA.

Al día siguiente, el silencio reinaba en el comedor. Los trillizos disfrutaban de su desayuno, riendo entre ellos, mientras Grace les ayudaba a cortar la fruta con paciencia. Lucien, estaba sentado al otro extremo de la mesa, pero apenas había probado bocado.

Estaba ajeno a todo. Las palabras de Grace seguían resonando en su mente, una y otra vez. Pinchó una fresa con el tenedor y se la llevó a los labios, masticando lentamente. Sus ojos no dejaban de observarla, era como si quisiera descifrar cada uno de sus pensamientos.

Pero el silencio se rompió con la llegada de Aaron.

—¡Buenos días, niños! —exclamó, acercándose a los trillizos con una sonrisa—. ¿ A ver qué tenemos aquí? ¿Fruta? ¿De verdad nadie quiere invitar a su tío Aaron?

Emma lo miró con una risita y le ofreció un pedazo de melón.

—¡Solo si prometes no comértelo todo!

Aaron se inclinó hacia ella con fingida seriedad.

—¿Yo? ¿Comérmelo todo? Emma, ¡me rompes el corazón!

Las carcajadas de los niños llenaron el comedor. Y Aaron finalmente se giró hacia Grace, su sonrisa transformándose en algo más cálido.

—Buenos días, Grace —dijo, inclinando ligeramente la cabeza.

Ella atrapada por la atención, se sonrojó. Sin embargo, le devolvió la sonrisa.

—Buenos días.

Sin embargo, desde el otro extremo de la mesa, Lucien alzó una ceja y frunció los labios en una mueca que creía disimulada. Pero Emma, siempre observadora, lo notó al instante.

—¿Qué te pasa, papá? —preguntó con inocencia, ladeando la cabeza ―¿Estas bravo?

Lucien parpadeó avergonzado e incómodo por la pregunta.

—¿A mí? Nada cielo. Come tu desayuno —respondió rápidamente, desviando la mirada.

Grace no se molestó en mirarlo, se mantuvo ocupada en cortando otro trozo de fruta. Aaron, por su parte, tomó asiento junto a Lucien, sirviéndose con una tranquilidad desbordante. Pero antes de probar bocado, le dedicó una sonrisa relajada a su primo.

Lucien, claramente molesto, frunció el ceño.

—¿Y tú por qué estás tan contento?

Aaron vertió jugo en su vaso, tomándose su tiempo antes de responder.

—Hoy es mi cita con Grace —dijo con una sonrisa traviesa. Miró a Grace directamente y agregó—: Espero que no lo hayas olvidado.

Lucien, que justo bebía un sorbo de café, se atragantó estrepitosamente y comenzó a toser. Aaron se levantó de inmediato, dándole palmadas en la espalda.

—¡Vamos, hombre, no te ahogues! ¡Respira!

—Estoy bien —gruñó Lucien, apartándose con brusquedad, pero todavía algo rojo.

―Ok, ok ―Aaron alzo las manos con fingida ofensa y murmuró con un gesto teatral —¡Otra muestra de tu inigualable alegría! Primo, si no te controlas, un día de estos vas a morir… pero de pura amargura.

Lucien apretó los labios y sus cejas se fruncieron todavía más, dejando entrever que no estaba nada contento con la dichosa cita, incluso pensó que lo habían olvidado. Grace, mientras tanto, permaneció impasible al alboroto. Alzó la mirada hacia Aaron y le dedicó una sonrisa tranquila.

—Por supuesto que no, Aaron.

Después del desayuno, los trillizos se despidieron para ir a sus clases de piano. Y Grace aprovechó ese momento para salir al jardín. Necesitaba un respiro, un espacio donde pudiera ordenar sus pensamientos lejos de las miradas inquisitivas de Lucien.

Caminó despacio, siguiendo el sendero de piedras que llevaba a la fuente y por un instante, sintió que podía respirar en paz. Pero esa tranquilidad se rompió de golpe cuando unos fuertes brazos la rodearon y la arrastraron hacia un rincón más apartado del jardín.

—¡Ahh! —gritó, pero una mano firme cubrió sus labios antes de que pudiera decir más.

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