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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 38

CAPITULO 38- YA PUEDES IRTE.

—Eres perfecta... —susurró contra su piel, antes de capturar sus labios en un beso hambriento, feroz. Sus lenguas se encontraron en una danza desesperada, mientras él reclamaba cada gemido que ella dejaba escapar.

Deslizó una mano entre sus cuerpos, encontrando su clítoris hinchado y pulsante. Lo frotó con firmeza, arrancándole un grito ahogado, mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas. Sus caderas se movían con una fuerza casi brutal, impulsadas por la necesidad de hundirse más profundamente en ella, de marcarla como suya en cada sentido posible.

—Lucien... —gimió Grace, aferrándose a él como si fuera su única ancla en un mar de placer—. No pares... por favor...

—No voy a parar, nena. No hasta que grites mi nombre, hasta que no puedas pensar en nada más que en mí. —Su voz era un gruñido ronco, cargado de deseo y posesión.

Marcó un ritmo más duro, más intenso, cada embestida arrancándole gemidos desgarradores a Grace. Sus piernas comenzaron a temblar, al tiempo que su respiración se volvía errática, y sus coño lo apretó con una fuerza que lo hizo maldecir en voz baja.

—Eso es, nena. Ven para mí. Quiero sentirte correrte alrededor de mi polla. Quiero que me muestres a quién perteneces —gruñó, su voz llena de una pasión oscura y ardiente.

Sus palabras fueron su detonante.

Grace dejó caer la cabeza hacia atrás, temblando mientras su cuerpo se rendía por completo. Su orgasmo la atravesó como una tormenta, arrancándole un grito desgarrador.

—¡Lucien! ¡Oh, Dios, sí!

Su coño húmedo y caliente lo apretó con fuerza, llevándolo al borde. Lucien hundió sus dedos en sus caderas, incapaz de contenerse más. La penetró con una intensidad casi salvaje, sin importarle que la cabecera de la cama golpeara contra la pared.

—Eres mía, Grace, ¿entiendes? —gruñó, con cada palabra marcada por una embestida profunda y posesiva—. Solo mía. Nadie más te tocará. Nadie más te tendrá.

—¡Sí! —gimió ella, aferrándose a él como si su vida dependiera de ello—. ¡Si!

Y con una última embestida, Lucien gimió su nombre, perdiéndose en el clímax más intenso que jamás había sentido. Su cuerpo se tensó mientras se vaciaba dentro de ella, sintiéndola estremecerse bajo él. La sensación de poseerla por completo, de grabar su nombre en cada fibra de su ser, lo llenó de una satisfacción oscura y absoluta.

Poco después, Grace permaneció recostada sobre el pecho de Lucien, en silencio. Ninguno de los dos dijo nada, aunque había mucho que decir. Mientras Lucien reflexionaba sobre su futuro, Grace sentía cómo la vergüenza y la culpa se apoderaban de ella.

«¿Dios, cómo fui capaz?» se reprocho con dureza «Él está comprometido, y yo...»

Ella quería desaparecer, que la tierra la tragara en ese instante. Pero se obligó a enfrentarlo. Nada de lo que había pasado cambiaría las cosas entre ellos.

«Solo fue sexo» se dijo a sí misma. «Nada más. Sin sentimientos, Grace, recuérdalo. Como antes»

Decidida, se levantó de la cama y comenzó a recoger su ropa sin decir una palabra. Lucien notó el cambio de inmediato.

—Grace... —murmuró, con un tono de incertidumbre.

Ella no se giró, apretando las prendas en sus manos mientras reunía el valor para hablar. Finalmente, lo hizo con una voz fría y cortante.

—Puedes irte.

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