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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 35

CAPITULO 35- NO SABES NADA DE LO QUE SIENTO POR TI.

Grace se detuvo frente a la puerta de la habitación y respiró profundamente un par de veces. Sus manos temblaban ligeramente, aunque intentaba ocultarlo. No sabía por qué Lucien estaba enojado o para qué quería verla, pero algo le decía que estaba a punto de averiguarlo, y que no sería algo sencillo. Reuniendo el poco valor que le quedaba, alzó el puño y golpeó suavemente la puerta.

—Entra —al instante escuchó la voz grave y poderosa desde el otro lado.

Giró el pomo y abrió la puerta con cautela, solo para encontrarse con un espacio que parecía sacado de una revista de lujo. La habitación era impecablemente masculina, con paredes en tonos oscuros y detalles en cuero y madera pulida. Las cortinas gruesas dejaban entrar apenas un rayo de luz, lo suficiente para iluminar las sábanas negras de una cama king-size perfectamente tendida. Cada rincón desprendía elegancia y autoridad, un reflejo perfecto del hombre que habitaba ese lugar.

Grace avanzó unos pasos, recorriendo el espacio con la mirada hasta que lo encontró. Lucien estaba sentado en un amplio sofá de cuero negro, con un vaso de whisky en la mano. La camisa desabrochada en el cuello, revelando un pecho trabajado y bronceado, mientras las mangas estaban recogidas hasta los codos. A pesar de la aparente relajación en su postura, su presencia llenaba la habitación con una intensidad casi tangible.

Tragó con dificultad, al mismo tiempo que su cuerpo reaccionaba a el, una mezcla confusa de temor y algo que no se atrevía a reconocer como excitación.

—¿Quería verme… señor? —preguntó esforzándose por sonar calmada.

Lucien no apartó sus ojos de ella. Su mirada era fría, calculadora, y por un momento, Grace sintió que podía ver a través de su alma. Finalmente, su voz resonó otra vez, firme y cortante.

—Cierra la puerta. Y asegúrala.

Las cejas de Grace se fruncieron en confusión.

—¿Q-qué?

Lucien no repitió la orden, pero su mirada se endureció.

—Haz lo que te digo.

Con un nudo en el estómago, giró lentamente y cerró la puerta detrás de ella, asegurándola con un leve clic. Apenas se había volteado cuando lo vio levantarse del sofá. Era como si toda su presencia se multiplicara en segundos. Los ojos azules de Lucien parecían brillar con una intensidad peligrosa, clavándose en ella como un juez dictando una sentencia.

—¿Qu-querías verme? —repitió, sintiendo que sus piernas temblaban un poco.

Lucien no respondió.

En cambio, comenzó a caminar hacia ella. Sus pasos eran lentos, medidos, pero cada uno parecía retumbar en la habitación. La energía que desprendía era abrumadora, como una bomba cargada de peligro a punto de estallar. Y Grace retrocedió instintivamente, y pronto sintió cómo su espalda chocaba contra la puerta. Y antes de que pudiera siquiera procesar lo que estaba sucediendo, Lucien cerró la distancia entre ellos.

Sus manos se apoyaron firmemente a cada lado de su cabeza, atrapándola entre la madera fría y su cuerpo imponente. Su proximidad era abrumadora; ella podía sentir el calor que irradiaba de él, su aroma inconfundible, una mezcla oscura y embriagadora, llenándole los sentidos.

Lucien inclinó la cabeza ligeramente, recorriéndola de arriba abajo con una intensidad que la hizo estremecerse. Y de pronto, una sonrisa ladeada, apareció en sus labios al notar los restos de harina esparcidos por su ropa y sus mejillas.

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