CAPITULO 34- ELLA ME GUSTA.
Lucien dejó caer los lentes sobre el escritorio y se llevó ambas manos a los ojos mientras soltaba un suspiro de frustración. La tensión lo carcomía desde el amanecer. Por más que lo intentara, no podía concentrarse. Lo ocurrido el día anterior con Aaron y Grace seguía rondando su mente como un eco interminable.
La invitación de Aaron… Ella aceptando...
—¡Maldita sea! —gruñó, empujando los papeles con brusquedad —. Si ese idiota vuelve a insinuar algo más... juro que lo haré arrepentirse.
En ese instante, la puerta del estudio se abrió. Y Ahí estaba Aaron, con su sonrisa habitual, despreocupado como siempre.
—Vaya, te ves terrible. ¿Noche difícil? —comentó con una mezcla de burla y falsa compasión mientras cruzaba los brazos en el marco de la puerta.
Lucien le lanzó una mirada gélida y se puso de pie lentamente, con el rostro endurecido.
—¿Qué quieres, Aaron? No estoy para tus chistes.
Aaron caminó con calma hacia el sillón frente al escritorio y se dejó caer en él, cruzando las piernas. Su expresión cambió; la ligereza desapareció y su mirada se tornó seria.
—Quiero que hablemos sobre Grace.
El nombre resonó en los oídos de Lucien como un disparo y el apretó la mandíbula, sintiendo cómo la tensión en su cuerpo aumentaba.
—¿Sobre Grace? —repitió con una mueca mientras se dirigía al minibar. Tomó un vaso y comenzó a preparar una bebida.
Aaron asintió, sin perderlo de vista.
—Sí. Y seré directo, Lucien, y quiero que esto se te quede grabado.
Lucien dejó caer unos cubos de hielo al vaso con movimientos mecánicos.
—Bien, ¿qué tienes que decirme ahora? ¿Qué, si la despido, vas a…?
—Ella me gusta —soltó Aaron sin rodeos.
La mano de Lucien se detuvo a medio movimiento. La pinza que sostenía el hielo tembló, y con un crujido sordo, el cubo se quebró en pedazos. Por un momento, no se movió, con la vista fija en el líquido ámbar que se arremolinaba en el vaso. Pero dentro de él, sin embargo, una tormenta crecía, caótica e incontrolable.
—¿Me estás escuchando? —insistió Aaron, inclinándose hacia adelante—. Grace me gusta, y quiero que dejes de tratarla como lo haces. ¿De acuerdo? La invitaré a salir y, si ella acepta, será mi novia, Lucien… mi novia.
El pecho de Lucien se apretó como si algo lo estrujara desde dentro. Sus sienes latían con fuerza, martilleando cada palabra de Aaron en su mente. Se quedó ahí, inmóvil, tratando de contener lo que sentía, pero por dentro, algo estaba a punto de romperse.
Lucien dejó escapar una risa seca y amarga, sin apartar la vista del vaso que tenía frente a él. Finalmente, giró hacia Aaron con un movimiento brusco, su mirada cargada de desdén.
—¿Grace? —repitió con un tono sarcástico, alzando las cejas—. ¿De verdad estás hablando en serio? Aaron, ella no tiene nada que ofrecer. No tiene el porte, la educación, ni el carácter para estar a la altura de esta familia. ¿Qué crees que diría el abuelo si supiera que estás considerando algo tan… absurdo?
Aaron alzó una ceja, visiblemente irritado por el comentario, aunque su postura relajada no cambió. Se recostó en el sillón, cruzando los brazos con una expresión de falsa calma.
—¿Y qué importa lo que piense el abuelo? —replicó con firmeza—. No necesito su aprobación, ni la tuya, para saber lo que quiero. Grace es auténtica, algo que esta familia no ha visto en generaciones.
Lucien bufó, negando con la cabeza como si hablara con un niño ingenuo.
—Eso es exactamente el problema, Aaron. No se trata de lo que tú quieres. Esto no es un juego. Grace no pertenece a nuestro mundo, y lo sabes. No es más que una distracción… y, francamente, una pérdida de tiempo.
Aaron se inclinó hacia adelante, su mirada se endureció y su tono adquirió un filo peligroso.
—No todos estamos obsesionados con "nuestro mundo", Lucien. A diferencia de ti, yo no tengo que casarme con una heredera perfecta ni vivir bajo las reglas de alguien más. Tú llevas la carga de la familia, no yo. El abuelo ya dejó claro que no soy importante para él, ¿recuerdas? Y eso me da la libertad de elegir por mí mismo.
Lucien apretó los labios, sus puños cerrados junto a su cuerpo delataban la creciente tensión. Dio un paso hacia Aaron, sus ojos oscuros como una tormenta.
—Exacto. No eres nada para el abuelo. Y eso debería recordarte que no tienes el lujo de arrastrar a esta familia al ridículo con tus caprichos. Grace es una distracción pasajera, y no voy a permitir que pongas en peligro todo por algo tan insignificante.
Aaron soltó una carcajada amarga y se levantó del sillón. Su sonrisa era cínica, pero sus ojos brillaban con desafío.
—¿Sabes qué, Lucien? En verdad te compadezco. Nunca has tomado una sola decisión por ti mismo. Siempre haces lo que el abuelo quiere, como el buen soldado que eres. Pero ¿qué has ganado con eso? La única vez que intentaste algo por tu cuenta fue con Alice… y ya sabemos cómo terminó eso, ¿no?
El nombre de Alice fue como un disparo. La furia de Lucien, contenida hasta entonces, explotó. En un movimiento rápido, agarró a Aaron por el cuello de la camisa, levantándolo ligeramente del suelo. Su voz fue un susurro helado.
—No sabes nada sobre mí, Aaron. Nada. Así que será mejor que cierres la m*****a boca antes de que digas algo de lo que te arrepientas.
A pesar de la presión en su cuello, Aaron no mostró miedo. Una sonrisa ladeada apareció en su rostro mientras hablaba con dificultad.
—Tal vez tengas razón… Pero tu reacción me dice algo, primo. Y es que tal vez a ti también te gusta Grace. ¿O me equivoco?

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