CAPÍTULO 30- ¡VOY A HACER QUE TE ECHEN!
Grace respiró hondo y apretó suavemente la mano de James.
—James, querido —dijo Alessia con una voz dulzona —. Me alegra mucho verte bien. Todos estábamos tan preocupados por ti. Qué alivio saber que ya estás mejor.
El pequeño frunció el ceño y se apartó, incómodo con el gesto.
—Estoy bien porque Grace me cuida muy bien ―respondió con inocencia.
Alessia se tensó. Y aunque su sonrisa permaneció, sus labios se apretaron ligeramente. Lucien, ignorando deliberadamente la tensión en el aire, extendió la mano hacia su hijo.
—Campeón, creo que la señora Michell nos está llamando. Vamos a saludarla.
El pequeño no quería dejar a Grace sola; sin embargo, obedeció, no sin antes mirarla con preocupación. Grace le devolvió una sonrisa tranquilizadora. Y en cuanto Alessia y Grace quedaron solas. La sonrisa de Alessia se desvaneció, dejando al descubierto una expresión de desprecio.
—Bueno, yo… voy a ver dónde están Emma y Olivia —dijo Grace, tratando de escabullirse, sin querer quedarse a solas con aquella mujer.
Pero Alessia no estaba dispuesta a dejarla ir tan fácilmente.
—Sé quién eres… —escupió ella con frialdad.
Y por un instante, el corazón de Grace dio un vuelco. ¿A qué se refería Alessia? ¿Qué sabía? ¿Había descubierto…? No, no podía ser. Tragó saliva, obligándose a mantener el rostro sereno, aunque por dentro el miedo comenzaba a apretar su pecho.
—¿Y te crees muy lista, verdad? —continuó Alessia, ajena al tumulto de emociones en Grace—. Jugando a ser la niñera perfecta, la mujer ideal, la salvadora. Pero a mí no me engañas. Yo sé que lo que realmente quieres es metértele por los ojos a Lucien.
Grace respiró aliviada, temió que Alessia hubiera descubierto la verdad sobre los trillizos y ella, pero la dirección de los comentarios de Alessia la tranquilizó.
—¿Y sabes qué es lo peor? —prosiguió Alessia, inclinándose ligeramente hacia ella—. Que ni siquiera te molestas en disimular. Es tan obvio lo que buscas: que Lucien te lleve a su cama. Eso es lo único que quieres, ¿verdad? Porque eres una zorrita. Una oportunista desesperada por salir del agujero en el que vives. Y piensas que si juegas bien tus cartas, podrás escalar lo suficientemente alto como para cambiar tu vida miserable.
El desprecio de Alessia era palpable, y la sonrisa que acompañaba sus palabras era cruel. Grace, aunque no quería caer en su juego, sintió cómo su pecho se apretaba. Pero se obligó a no responder, consciente de que Alessia buscaba provocarla y encontrar cualquier excusa para usarla en su contra.
—Pero déjame decirte algo, para que lo tengas claro de una vez —dijo Alessia, acercándose aún más—. Lucien no es para alguien como tú, ¿entiendes? Él necesita una mujer que esté a su nivel, alguien que pueda caminar a su lado sin avergonzarlo, sin arrastrarlo hacia abajo. Tú, en cambio… eres el tipo de mujer que los hombres usan y tiran. Y nunca serás más que eso. Porque, al final del día, no importa cuánto te esfuerces, Grace, la basura siempre será basura.
Las palabras de Alessia cayeron como golpes, uno tras otro, directos al corazón de Grace. Sus manos temblaban ligeramente a sus costados, y un nudo comenzó a formarse en su garganta, uno que luchó por tragar. Pero negó a darle la satisfacción de verla quebrarse.
—¿Ya terminaste? —preguntó con deliberada indiferencia.
La sonrisa cruel de Alessia vaciló por un instante, pero pronto volvió a su rostro, como si intentara recuperar el control de la situación. Sin embargo, Grace dio un paso adelante, acortando la distancia entre ambas.
—Es curioso cómo hablas de mí como si me conocieras —continuó Grace con un filo que cortaba como el hielo—. Como si supieras lo que pienso, lo que quiero, lo que siento. Pero ¿sabes qué? Todo lo que acabas de decir… no dice nada sobre mí. Dice mucho sobre ti.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!