CAPÍTULO 25: M*****A TENTACIÓN.
Esa mañana, Lucien estaba terminando de vestirse frente al espejo. De hecho, su rutina había cambiado últimamente; solía levantarse un poco después de las seis, pero desde que descubrió que Grace trotaba todas las mañanas, ajustó el despertador para no perderse aquel espectáculo. Y esa mañana no fue la excepción.
Mientras se abotonaba la camisa, se le ocurrió mirar por la ventana. Lo que vio le revolvió el estómago. Aaron rondaba a Grace como un moscardón molesto en pleno verano. Y el golpe final llegó cuando ella tropezó y terminó cayendo directamente en los brazos de su primo. Lucien salió de la habitación de inmediato, dejando los botones de su camisa a medio cerrar y sin siquiera peinarse, con la irritación ardiendo en su interior.
De repente, la risa burlona de Aaron lo sacó de sus pensamientos.
—Vaya, ¿qué te pasó? —se burló—. ¿El hombre perfecto tuvo una mala noche o simplemente decidiste dejar de lado la perfección por un día?
Lucien le lanzó una mirada gélida, ignorando el comentario, y desvió su atención hacia Grace. Para su alivio, ella ya se había alejado de su primo, aunque su frustración seguía siendo evidente.
—Señorita Bradford, si tiene tiempo para jugar y coquetear por aquí, también debería tenerlo para prepararse. Le recuerdo que en menos de una hora deberíamos estar en el hospital.
Grace tragó en seco, claramente ofendida. Abrió la boca como si fuera a responder, pero finalmente no dijo nada. Con una frustración evidente, les lanzó una mirada envenenada a ambos: primero a Aaron y luego a Lucien. Sin más, se dio la vuelta y se fue, dejando una estela de tensión en el aire.
El silencio entre los dos primos fue incómodo hasta que Lucien dio un paso hacia Aaron. Y sin previo aviso, lo agarró de la camisa, tirando de él con fuerza. Aaron lo miró sorprendido, con los ojos abiertos de par en par.
—L-Lucien… ¿qué estás haciendo? —preguntó, tratando de mantener la compostura.
El otro inclinó un poco la cabeza, clavando su intensa mirada azul en la de él. Su voz salió baja, pero cargada de una amenaza palpable.
—Aléjate de Grace. No quiero verte cerca de ella, ¿entiendes? Y no estoy jugando, Aaron. Mantente lejos.
Aaron lo observó por un momento, intentando descifrar la seriedad en sus palabras. Y entonces, para sorpresa de Lucien, sonrió.
—¿Me estás amenazando? —bromeó con un tono despreocupado—. Vamos, primo. Si me haces algo, sabes que el abuelo te hará pagar. ¿O ya olvidaste quién manda aquí?
La mandíbula de Lucien se tensó aún más, pero su expresión no cambió. En lugar de responder de inmediato, dejó que un silencio pesado llenara el espacio entre ellos. Finalmente, habló, y su voz salió cargada de sarcasmo y frialdad.
—¿El abuelo? —repitió con una sonrisa cínica que no alcanzó sus ojos—. Si no me crees, puedes visitar a Logan en el cementerio y preguntarle qué tan lejos estoy dispuesto a llegar.
La sangre se escurrió del rostro de Aaron, y Lucien lo soltó con un empujón que lo hizo retroceder.
—Recuerda mis palabras, primo. Te quiero lejos de ella. ¿Entendido? ¡Lejos!

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