CAPÍTULO 24 - ¿INTERRUMPO?
A la mañana siguiente, Grace se levantó temprano, motivada por su rutina de trotar antes de que el día se volviera demasiado caluroso. El aire fresco le llenaba los pulmones mientras recorría el parque, pero tras un par de vueltas, su ritmo se desaceleró. Con el corazón latiendo rápido y la respiración agitada, se detuvo, inclinándose con las manos sobre las rodillas mientras intentaba recuperar el aliento.
De repente, una botella de agua se materializó frente a ella. Parpadeó, confundida, y alzó la mirada demasiado rápido, solo para encontrarse con un par de ojos color avellana que la observaban con una mezcla de interés y arrogancia.
—Vaya, no todos los días se tiene el placer de ayudar a una dama en apuros —dijo el hombre, con una sonrisa que irradiaba una confianza casi irritante. Se inclinó un poco hacia ella, invadiendo su espacio personal con descaro—. Aunque debo decir que el esfuerzo te sienta bien.
Ella frunció el ceño y tomó la botella con firmeza, sin dejar de mirarlo con desconfianza.
—Gracias, pero no necesito ayuda —respondió fría, apartándose un paso. Luego lo miró con una ceja levantada—. ¿Quién eres?
El hombre se enderezó, dejando que su figura atlética quedara a la vista. Llevaba una camiseta deportiva gris que se ajustaba perfectamente a su torso, resaltando cada línea de sus músculos, y unos pantalones cortos negros que completaban el conjunto. Su cabello oscuro estaba desordenado de una forma que claramente había sido pensada para verse casualmente atractiva.
—Aaron —se presentó, con una voz profunda y segura—. Me gusta trotar por las mañanas, aunque hoy parece que encontré una razón más interesante para salir temprano.
Grace rodó los ojos, dejando claro que no estaba impresionada.
—Bueno, Aaron, si terminaste de jugar al caballero andante, me gustaría seguir con mi trote.
Él dejó escapar una risa suave, claramente entretenido por su actitud.
—Tan ruda... ¿Siempre eres así con los extraños? —dio un paso al frente, nuevamente invadiendo su espacio personal—. Aunque, para ser sincero, me gusta el desafío.
Grace lo miró con incredulidad y dio otro paso hacia atrás, intentando mantener la distancia.
—No estoy interesada en tus desafíos ni en ti —dijo con frialdad, girándose para irse.
Pero Aaron se movió rápido, colocándose frente a ella y bloqueando su camino. La sonrisa en su rostro era descarada, casi retadora.
—Vamos, no puedes irte así. Apenas estamos empezando a conocernos.
Ella apretó los dientes y suspiró; su paciencia estaba llegando al límite.
—Si no te apartas ahora mismo, te juro que te golpearé.
Aaron alzó las manos en un gesto de fingida inocencia, aunque su sonrisa no desapareció.
—Eso podría ser interesante, pero creo que te meterías en problemas.
—¿Problemas? —Grace entrecerró los ojos, claramente molesta—. ¿Por qué?
—Porque mi primo no lo tomaría bien.

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