CAPÍTULO 26 - ¿QUIÉN ES MAS BONITA?
—¿Qué estás haciendo, papi? —preguntó Emma de nuevo, con curiosidad genuina y una ceja levantada.
—Eh... yo... —balbuceó, sin saber cómo justificar que hacía allí.
Emma ladeó la cabeza, esperando pacientemente.
—¿Estás buscando a Grace, papi? —insistió la chiquilla con inocencia infantil.
Lucien tragó saliva y asintió rápidamente, intentando recuperar algo de dignidad.
—¡Sí! Sí, sí, eso, cielo. Es que... debemos ir al hospital y... y se tardaba mucho. Solo quería asegurarme de que estuviera lista —dijo, aunque su voz sonaba más a una excusa improvisada que a una explicación convincente.
Mientras hablaba, deseaba con todas sus fuerzas que el suelo se abriera y lo tragara.
«¿Qué demonios pasa contigo, Lucien?» se reprochó mentalmente.
Emma, sin embargo, no parecía dispuesta a dejarlo escapar tan fácilmente. Lo miró con una mezcla de picardía y curiosidad, y luego soltó una bomba que lo dejó completamente desarmado.
—Grace es muy bonita, ¿verdad, papi? —dijo con una sonrisa traviesa—. Es más bonita que Alessia. ¿No lo crees?
Lucien sintió que el calor subía por su cuello hasta sus orejas. Abrió la boca para responder, pero las palabras simplemente no salían. Era como si su cerebro se hubiera desconectado por completo.
—Cielo... ¿a qué viene eso? —logró tartamudear, evitando a toda costa mirar a su hija a los ojos—. Mejor vamos, esperaré en el auto.
Le tendió la mano a Emma, quien la tomó sin dudar, pero no parecía dispuesta a dejar el tema.
—Pero... papi, no respondiste quién es más bonita... —dijo mientras caminaban por el pasillo, su vocecita resonando con una mezcla de insistencia y diversión.
Lucien suspiró profundamente, sabiendo que no había escapatoria. Sin embargo, decidió no responder y apresuró el paso, mientras Emma seguía hablando alegremente. La conversación se perdió en el eco del pasillo, pero la sonrisa traviesa de su hija quedó grabada en su mente, recordándole que no había nada más peligroso que la sinceridad de un niño.
Y que también se había formado una nueva idea en su pequeña cabecita.
Poco después, Lucien llegó al auto con el ceño fruncido, aún sintiendo el peso de la conversación que había tenido con su hija. Se acomodó en el asiento del conductor y dejó escapar un suspiro largo. James ya estaba sentado en el asiento trasero, jugando con sus manos mientras esperaba. En ese momento, Grace apareció, caminando a paso firme, con la mirada fija hacia adelante. Y sin siquiera mirarlo, abrió la puerta del auto y se sentó junto a James, cerrando de golpe.
Mientras observaba el paisaje desde la ventana, pensó en lo que había visto en Lucien, y no pudo evitar reprocharse un poco a sí misma.
«¿Qué vi en él?» se preguntó. «Es tan amargado, tan cerrado, siempre con ese muro de indiferencia. Y, sin embargo…» suspiró, sabiendo que no podía luchar con sus sentimientos. «A pesar de todo, lo amo. Quizás sea un desastre, pero es mi desastre».

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