CAPÍTULO 22 - SOY UNA TUMBA.
Habían pasado dos días desde que Grace y James regresaron del hospital. Durante ese tiempo, ella había hecho todo lo posible por mantenerse alejada de Lucien, enfocándose únicamente en los niños. James, por su parte, había mejorado notablemente; ahora era menos taciturno y hasta sonreía con frecuencia. Esa era precisamente la razón por la que todos estaban en el jardín, disfrutando del aire fresco y de las risas que llenaban el lugar.
—¡James, eso es trampa! —gritó Emma, mientras miraba a su hermano con reproche.
—¡Ni lo sueñes, no tengo la culpa de que no sepas contar! —respondió James, sacándole la lengua.
—¡Juguemos de nuevo y esta vez no te dejaré ganar! —exclamó Emma, acomodando las cartas.
En medio del alboroto, la señora Hargrove apareció con una bandeja en las manos, cargada con vasos de jugo y un plato de galletas.
—¡Vaya, vaya! Parece que la mansión se ha llenado de risas otra vez —comentó mientras se acercaba.
—¡Es que estamos muy felices! —dijo Olivia, poniéndose en pose de superhéroe.
—¡Sí, Grace es la mejor niñera del mundo! —exclamó Emma con entusiasmo, abrazando a Grace por la cintura—. No es aburrida como las demás.
James, que estaba sentado cerca acomodando unas cartas, levantó la mirada y agregó con una voz sincera:
—Grace es como una mamá para nosotros… y eso nos hace muy felices.
Olivia, siempre dulce, la abrazó también, apoyando su cabeza contra su cintura.
—Sí, Grace… ojalá tú fueras nuestra mamá.
Grace se quedó paralizada un instante, sintiendo un nudo en la garganta. Intentó disimular su emoción, pero la señora Hargrove, siempre observadora, notó el brillo en sus ojos.
—Bueno, traje su jugo favorito. ¿Quién quiere un poco? —anunció, rompiendo el momento.
—¡Yo! ¡Yo! ¡Y también yo! —gritaron los niños al unísono, corriendo hacia la bandeja.
Grace los miró, y sus ojos brillaron de emoción. Sus hijos eran perfectos. La señora Hargrove sirvió también un vaso para Grace y se lo extendió con una sonrisa que decía mucho.
—¡Es curioso cómo la sangre llama! —dijo en voz baja, inclinándose hacia ella.
Grace se atragantó con el jugo y la señora Hargrove soltó una risa.

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