CAPITULO 21- ¿A QUIÉN MAS LE HAS SONREIDO?
Grace lo miró, atónita, mientras su corazón latía con fuerza. Sin embargo levanto la barbilla, desafiando su mirada.
―¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones? Que carajos te importa a quien le sonrió ―respondió, con un desafío que no pasó desapercibido para Lucien.
Él se acercó aún más, su aliento rozando su mejilla.
—Parecías una m*****a colegiala con el médico de pacotilla —siseó, su voz ronca y cargada de una posesividad que le erizó la piel. No olvides porque estás aquí, ¿está claro?
Deslizó su mano de la pared hasta su cuello, ejerciendo una leve presión que le cortó la respiración, pero que también encendió una chispa de rebeldía en ella.
―Dime, Grace, ¿a quién más le has sonreído así? ―preguntó, su voz era suave, pero la amenaza subyacente era inconfundible.
Ella sintió como la rabia comenzaba a hervir en su interior. ¿Quién se creía que era para hablarle así? ¿Para controlarla?
―No te importa ― respondió, intentando apartarse de su agarre. ―No eres nadie para decirme a quién sonreír.
Forcejeó, intentando zafarse de su mano en su cuello, pero Lucien no cedió. Su agarre era firme, casi doloroso.
—¿Nadie? —gruñó Lucien, su mirada oscura y penetrante —No olvides que soy el padre de tus hijos, Grace. Y de cierta manera tú eres mía, así que no lo olvides.
Grace sintió que su paciencia se agotaba. Su orgullo se sentía herido por la acusación, y la forma en que Lucien la trataba la hacía hervir de rabia. Con un movimiento rápido e inesperado, levantó su pie y le dio un puntapié a Lucien. Un gruñido escapó de sus labios mientras se apartaba, dándole a Grace la oportunidad que necesitaba.
Sin dudarlo, se apartó de él, con la respiración agitada y el corazón latiendo con fuerza. Lo miró con una mezcla de desafío y desprecio.
―No eres nadie para mí, Lucien ―dijo firme, aunque aún temblaba ligeramente por la adrenalina. ―Y no me vuelvas a tocar. O la próxima vez no será un puntapié sino tus bolas.
Antes de que el pudiera reaccionar, Grace salió del consultorio, dejando atrás el eco de su respiración agitada y el sonido de su propia voz resonando en el aire. Dejó a Lucien con la palabra en la boca, con su orgullo herido y una mezcla de dolor y furia que lo dejó sin aliento.
―Maldita sea, pegas duro ―se masajeo donde lo habia pateado —Además… ¿Dónde quedó la dulce Grace que conocí, la que nunca levantaba la voz, la que me miraba como si yo fuera todo para ella?
[*]
En el lujoso salón de novias
Alessia se miraba al espejo con una sonrisa radiante mientras giraba ligeramente para admirar el vestido desde distintos ángulos.
—Es perfecto —dijo y se volvió hacia su madre—. ¿Qué opinas, mami?
Lucrecia, una mujer refinada de apariencia impecable, estaba sentada en un elegante sillón, sosteniendo delicadamente una taza de té. Sus movimientos eran precisos, casi teatrales, como si cada gesto estuviera calculado para mostrar su estatus.
—Serás la novia más hermosa de la ciudad, hijita. De hecho, llamé a Vogue Londres; tendrán la exclusiva.

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