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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 19

CAPITULO 19- NO ME REBAJO CON EMPLEADAS.

De repente, la puerta del estudio se abrió y Alessia apareció en el umbral, elegante, tranquila, pero con un destello peligroso en sus ojos.

—Lucien, cariño, ¿interrumpo algo? —dijo, su tono suave, sus ojos pasaron de él a Grace, observándola con desdén—. Porque parece que estás entretenido con... la empleada.

Lucien, sin inmutarse, se apartó de Grace con la misma calma que siempre lo caracterizaba, como si no hubiese pasado nada. Se acomodó la camisa con un gesto lento.

—No seas ridícula, Alessia. —dijo con tono seco, casi burlón, como si su interacción con Grace no tuviera la menor importancia—. Solo estaba aclarándole ciertas cosas. Sabes que no me rebajo a perder mi tiempo con... "empleadas".

Sus palabras fueron una humillación directa, un recordatorio de la posición que Grace ocupaba en esa mansión, como si su presencia no tuviera más valor que el de una sirvienta.

Alessia con una sonrisa venenosa, avanzó hacia Grace con paso firme.

—Ya veo... Hmm, Grace, entiendo que Lucien pueda ser... interesante, ¿verdad? —hizo una pausa, sonriendo con amabilidad, aunque sus ojos brillaban con desprecio—. Pero no olvides, querida, cuál es tu lugar y sobre todo tu nivel.

Alessia tocó un mechón del cabello de Grace de manera deliberada, como si estuviera manipulando un objeto sin valor.

―No te hagas falsas esperanzas.

Lucien, que hasta entonces había permanecido impasible, se sintió incómodo al ver a Alessia tan cerca de Grace. Pero no podía hacer nada, el matrimonio que ambos compartían no le dejaba otra opción que tolerarla. Especialmente después de la visita de su abuelo.

—Es tarde —dijo con un tono seco.

Alessia le dedicó una última mirada a Grace, con una sonrisa casi burlona, y luego se giró hacia Lucien.

—Claro, amor —respondió —. Todavía quiero afinar detalles de nuestra boda.

Las palabras de Alessia cayeron como una losa.

«¿Boda?»

El futuro de Lucien con esa mujer era la amenaza más grande para la vida de sus hijos. Ellos no eran nada para ella, solo obstáculos que arruinarían su vida perfecta. La idea de sus pequeños creciendo en ese entorno, sin amor, sin el apoyo que merecían, hizo que una determinación ardiente creciera en su pecho.

Cuando James estuviera a salvo, ella se iría. Tomaría a sus hijos y encontraría un lugar donde pudieran ser felices, y donde Lucien y esa mujer, Alessia, no fueran parte de su futuro.

[***]

Al día siguiente, Grace se encontraba en la entrada de la casa, despidiéndose de Emma y Olivia. Las pequeñas la miraban con ojos brillantes, abrazándola con fuerza mientras ella se inclinaba para estar a su altura.

—Mis niñas, prometo que volveremos pronto —les con voz dulce, acariciándoles el cabello. Su tono era maternal y lleno de calidez—. Su hermanito estará mejor muy pronto, ya lo verán. Pero mientras tanto, quiero que se porten bien, ¿de acuerdo?

Emma, con su vocecita dulce, respondió abrazándola aún más fuerte.

—Te vamos a extrañar mucho, Grace. Ojalá, James se cure rápido y ya no tenga que ir al doctor.

Olivia asintió con entusiasmo, aunque su rostro reflejaba tristeza.

—Sí, te vamos a extrañar un montón. ¿Prometes que regresarás?

Grace sonrió con ternura, abrazándolas a ambas al mismo tiempo.

—Claro que sí, mis amores. Siempre vuelvo con ustedes. Son unas niñas maravillosas, y estoy muy orgullosa de lo fuertes que son.

En la escalera, Lucien se detuvo a mitad de sus pasos. Observó la escena en silencio, sus ojos fijos en la interacción entre Grace y sus hijas. Nunca las había visto sonreír así, tan genuinamente felices. Una punzada de algo que no podía identificar lo atravesó: ¿era celos o alivio? Recordó cómo, en las últimas noches, Emma y Olivia no habían ido a su habitación para pedirle que les leyera un cuento. En cambio, se habían refugiado en la habitación de Grace, incluso durmiendo allí. La razón era clara, pero no sabía cómo sentirse al respecto. Sus hijas se estaban encariñando demasiado rápido con ella, con su madre. Una mujer que los había tratado como simples piezas para vender.

No obstante, sacudió esos pensamientos y se aclaró la garganta, atrayendo la atención de las niñas. Ambas giraron hacia él y corrieron emocionadas.

—¡Papi! —gritaron al unísono, abrazando sus piernas.

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