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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 18

CAPÍTULO 18- UN COBARDE.

Lucien suspiró profundamente después de que su abuelo se fuera, observando a través de la ventana con la mente llena de pensamientos. Pensó en Grace y en sus hijos, y en lo que había tenido que decirle a su abuelo. No podía permitir que supiera quién era realmente Grace, porque si lo hacía, ella no viviría para contarlo. No era un secreto para nadie que Alaric Stanton odiaba a la madre de sus trillizos.

Cerró los ojos, pensando en lo difícil que sería mantener esa mentira, pero la vida de Grace y la salud de su hijo dependían de ello.

Mientras tanto, afuera, Grace estaba parada frente al estudio. Había vacilado mucho antes de tocar; el nudo en su garganta era casi insoportable. Pero James la necesitaba y esa era una de esas pocas veces en las que tendría que tragarse su orgullo y enfrentarse a Lucien. No importaba lo difícil que fuera, o si él se desharía de ella, lo importante ahora era su hijo, y todo lo demás pasaba a segundo plano.

Respiró hondo y tocó la puerta.

Desde el otro lado, la voz fría de Lucien se escuchó de inmediato.

—Pasa.

Grace giró lentamente la perilla y entró, cerrando la puerta con suavidad detrás de ella. El aire en la habitación estaba cargado de tensión, como siempre que se encontraba con él. Sin embargo, en ese momento, esa tensión no la iba a detener.

—Necesito que hablemos —dijo, mostrando más determinación de la que sentía por dentro.

Lucien la observó, y por un momento, sus ojos reflejaron algo más allá de la indiferencia. Algo fugaz, como si el ver a Grace de nuevo le despertara viejos recuerdos y emociones olvidadas.

Pero lo desechó de inmediato.

No podía permitirse mostrar debilidad.

No con ella.

No con una mujer sin escrúpulos.

Así que adoptó su pose fría, se irguió en su silla y entrelazó sus manos.

—Bien, ¿qué quieres hablar? —dijo, con un leve gesto de impaciencia—. Y que sea rápido, tengo una cena en unas horas.

Ella apretó los labios, intentando mantenerse firme, y fue directo al grano.

—Necesito que empecemos con el tratamiento de James cuanto antes. No puedo esperar más tiempo, Lucien. Yo…

De repente, él soltó una risa fría, vacía, que hizo que Grace se quedara en silencio.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó ella frunciendo el ceño, sin entender lo que podía ser tan divertido para él.

Lucien se levantó lentamente, caminó alrededor de su escritorio y la observó fijamente; analizando cada gesto, cada palabra, como si tratara de descubrir algo oculto en su postura.

—Tú —dijo sarcástico—. Es que… esa imagen de madre preocupada… —agitó la mano en el aire con desdén—. No te queda.

Grace apretó los puños luchando contra la impotencia.

—No es una imagen, Lucien —respondió a pesar de que su corazón estaba a punto de romperse—. De verdad me preocupa mi hijo.

Él, sin embargo, se limitó a sonreír y dejó escapar un leve chasquido de lengua.

—¿Ah, sí? Pues eso no fue lo que dijo tu padre. Según recuerdo, estas fueron tus palabras… —Lucien hizo una pausa, como si estuviera recitando una cita—. "No voy a truncar mi futuro con esos mocosos. Que su padre se haga cargo de ellos y, además, que me dé mucho dinero y cerraré la boca para que no se arme un escándalo."

La frialdad en su voz hizo que un estremecimiento recorriera el cuerpo de Grace. Pero él no se detuvo allí, caminó hacia ella con paso lento y seguro, sin dejar de mirarla.

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