C183- UN NOMBRE PARA NUESTRO BEBÉ.
Kate despertó en el hospital, sus ojos parpadearon ante la luz blanca del techo. Y su corazón se aceleró al recordar de inmediato qué había pasado, pero pronto sintió la mano de Aaron sujetando la suya con firmeza.
—Tranquila, Kate. Estás bien —dijo él con voz suave—. El bebé está a salvo.
Dejó escapar un suspiro tembloroso y miró a Aaron, buscando en sus ojos la certeza de sus palabras. Al ver la tranquilidad en su rostro, relajó los hombros. Aaron suspiró, sintiéndose culpable, quizás si le hubiera dicho antes, no se habría desmayado, ¿o sí?
—Kate, lo lamento, lamento haber callado. Yo… investigué cuando mi contador me llamó y descubrí que... no eres hija de Gibson. Quería decírtelo, pero… no quería que sufrieras, amor. Perdóname, ¿sí?
Kate sonrió y luego inclinó la cabeza levemente.
—¿Esa era la mala noticia?
Aaron asintió, su expresión aún era tensa.
—No quería lastimarte. De verdad.
Kate soltó el aire, relajando los hombros.
—Lo entiendo. Pero dentro de todo, estoy bien.
Aaron frunció el ceño, sin comprender.
—¿Por qué?
Kate esbozó una sonrisa leve, casi irónica.
—Porque Gibson no es mi padre. Es mi hermano. Y ya eso... es menos.
Aaron la observó un momento antes de sonreír y alzar una mano para acariciarle el cabello con suavidad.
—Kate... no necesitas ese dinero... si quieres...
Pero ella negó de inmediato.
—No, no dejaré que lo tomen. No es porque me importe, pero... tampoco dejaré que él lo despilfarre. Mi abuelo... —hizo una pausa, con la realidad golpeándola de nuevo—. Digo, mi padre... era un buen hombre y trabajó mucho para conseguirlo. No es justo que Gibson lo tenga, así que, lo conservaré.
Aaron la miro un segundo ante de sonreír con orgullo.
—Bien. Esa es mi chica.
Pero de repente, la puerta se abrió. Y allí estaba la mujer a la que Kate había llamado madre desde que aprendió a hablar. Ella dio un paso lento y sus ojos por primera vez no tenían la altivez que había sostenido durante años.
—Kate... cariño... —dijo suavemente.
Kate miró a Aaron, quien ya estaba a punto de echarla, pero ella sostuvo su mano y negó con un leve gesto. Aaron asintió, aunque su mirada hacia la mujer era puro desdén.

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