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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 184

C184-EL BEBÉ YA VIENE.

Después de que Kate salió del hospital, Aaron tomó una decisión volvería a la mansión. Era grande, espaciosa, y también era el lugar perfecto para empezar de nuevo. Y por supuesto, Kate, acepto.

Ya no estaba dispuesta a dejar que nada, ni nadie la alejara de Aaron.

Los días pasaron y Kate, sintiéndose más fuerte, decidió que era momento de volver al trabajo. Pero esta vez, no habría misiones complicadas ni riesgos innecesarios. Se quedaría en la oficina, organizando informes y supervisando desde lejos.

Aaron, sin embargo, no estaba tan convencido.

—¿Estás segura de esto? —preguntó una noche mientras lavaba los platos. Kate, sentada en la barra de la cocina, lo observaba con los brazos cruzados.

—Cariño, estaré bien. Solo será trabajo de oficina. Nada de campo, nada peligroso.

Aaron dejó el plato que tenía en las manos y se giró hacia ella, secándose las manos en un paño.

—Pero estás embarazada, mi vida. No quiero que te esfuerces demasiado. ¿Qué pasa si algo sale mal?

Kate se levantó y caminó hacia él, colocando sus manos en su pecho.

—Nada va a salir mal. Me cuidaré, lo prometo. Además, necesito esto. Quiero sentirme útil, como antes.

Aaron la miro un segundo y suspiró, mirando esos ojos llenos de determinación que tanto amaba. Sabía que no podía detenerla.

—Está bien —dijo finalmente, envolviéndola en un abrazo—. Pero estaré vigilándote. No te sorprendas si aparezco de repente con café o algo.

Kate se echó a reír, apoyando la cabeza en su pecho.

—Eres un controlador, ¿lo sabías?

—Y tú eres terca. Creo que hacemos un buen equipo.

Nueve meses después

El tiempo voló, y ahora Kate estaba en casa, con nueve meses de embarazo y esperando a que el bebé decidiera llegar. Estaba recostada en el sofá, con los pies sobre las piernas de Aaron, quien le hacía un masaje mientras miraban una película que ninguno de los dos estaba realmente viendo.

—¿Has pensado en quién se levantará por las noches cuando el bebé llore? —preguntó Kate de repente, rompiendo el silencio.

Aaron levantó una ceja, sin dejar de masajearle los pies.

—¿No es obvio? Tú. Yo tengo que trabajar, ¿recuerdas?

Kate le lanzó una mirada incrédula, pero divertida.

—¿Perdón? ¿Crees que porque estoy en casa voy a ser la única que se levante? Esto es un equipo, cariño.

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