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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 182

C182- LO QUE ELLA MERECE.

Aaron abrió la boca, pero las palabras no salieron. Kate lo miraba, esperando, con esos ojos llenos de confianza que lo hacían sentir peor. Su corazón latía con fuerza, una lucha interna lo mantenía paralizado.

Podía decirle la verdad. Podía contarle lo que había descubierto. Pero si lo hacía, la angustia la consumiría. No podía permitirlo.

No hasta que hablara primero con su padre.

Apretó los puños por un instante, luego aflojó la expresión y soltó el aire despacio.

—Pues… la mala noticia es que… —dijo, rascándose la nuca— no pienso cambiar pañales.

Kate lo miró, parpadeando. Un segundo de completo silencio. Luego frunció los labios y lo observó con una mezcla de incredulidad y fastidio.

—¿Es en serio, Aaron? ¿Esa era la mala noticia?

Aaron se encogió de hombros, con una sonrisa nerviosa.

Kate negó con la cabeza y suspiró con dramatismo.

—Aish, hombre tonto… No te preocupes, te levantaré cada vez que nuestro bebé necesite un cambio de pañal —dijo, cruzándose de brazos—. Aunque te advierto que si intentas hacerte el dormido, te mojaré con un vaso de agua.

Aaron soltó una carcajada.

—¿Harías eso?

—Por supuesto —afirmó ella, fingiendo indignación—. No traeré un bebé al mundo solo para convertirme en su única cuidadora.

Aaron la miró con adoración y, sin pensarlo, la atrajo hacia él. Kate sonrió justo antes de besarlo, suave al principio, luego más profundo, más entregado.

—Te amo —susurró ella contra sus labios—. Te amo mucho.

Aaron la abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en su cabello.

—Yo también, esposa —murmuró—. Te amo a ti y a nuestro bebé.

Kate se acurrucó en su pecho, cerrando los ojos con una sonrisa tranquila. Aaron la sostuvo con la misma calidez, pero cuando ella no pudo verlo, su expresión cambió. Su mandíbula se tensó, su mirada se oscureció.

Lo resolvería por su cuenta.

Lo enfrentaría solo, no dejaría que nada, lastimara a Kate.

Por eso al día siguiente fue temprano a la casa de Gibson De Winter. Iba a enfrentarlo. Entró sin tocar, la puerta golpeando contra la pared con un estruendo que hizo eco en el pasillo.

Gibson, que estaba sentado en el sofá del salón, levantó la vista, sorprendido. Pero antes de que pudiera decir algo, Aaron ya estaba frente a él.

—¿Creíste que no me daría cuenta? —exclamó.

Gibson parpadeó, intentando componerse.

—¿De qué estás hablando? No sé de qué...

Aaron avanzó un paso, inclinándose hacia él.

—No te hagas el idiota. La herencia. La que intentaste desviar a tus sucias cuentas.

Gibson retrocedió, como si las palabras lo hubieran golpeado. Tartamudeó, buscando una excusa.

—Yo... yo solo estaba... protegiendo los intereses de la familia.

—¿Protegiendo? —repitió Aaron con sarcasmo—. ¿Maltratándola durante años? ¿Haciéndola sentir que no valía nada? ¿Eso es "proteger", Gibson?

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