CAPITULO 17- ¿QUIÉN ERES REALMENTE?
Dentro del estudio, el ambiente estaba cargado de tensión. La mirada de Alaric, severa y penetrante, se clavaba en su nieto con evidente desaprobación. Lucien, sentado frente a él, intentaba mantener una postura relajada, pero la exasperación en su rostro era inconfundible.
—¿Por qué te estás haciendo el desentendido con tu boda? —preguntó el viejo apoyándose, ligeramente en su bastón mientras lo miraba con dureza.
Lucien rodó los ojos y dejó escapar un suspiro, recostándose en su silla con una mueca de impaciencia. Cruzó los brazos sobre el pecho y respondió con un tono cargado de sarcasmo.
—¿Viniste hasta aquí por eso, abuelo? ¿Desde cuándo te importan esas nimiedades? Debí saber que Alessia iría a acusarme.
El anciano golpeó el bastón contra el suelo y su mirada, ya intensa, se volvió aún más penetrante.
—Me importa desde que está en juego mi palabra, Lucien. Ignacio es mi amigo, y ese matrimonio significa muchas ventajas para el negocio. No es algo que puedas ignorar como si no tuviera importancia.
Lucien apretó los labios, conteniendo las palabras que pugnaban por salir. Deseaba gritarle al viejo controlador lo que realmente pensaba, pero se contuvo. Sabía que un enfrentamiento directo podría provocarle un infarto, y además, no quería arriesgarse a perder el poder que tanto le había costado consolidar. Finalmente, habló, aunque su tono seguía siendo desafiante.
—Abuelo… soy un hombre ocupado. No tengo tiempo para acompañar a Alessia a medirse un puto vestido. Además, su madre puede encargarse de todo. Estoy seguro de que hará la maldit@ boda del año.
Alaric negó con la cabeza, su expresión endurecida mientras lo observaba lleno de frustración.
—Lucien, Alessia es una buena chica. No puedes esperar mejor esposa que ella. Y más allá de que quiera esa unión por un beneficio, también me preocupo por los trillizos. Esos chiquillos necesitan una figura materna. Si no lo haces por ti, al menos hazlo por ellos.
Las palabras de su abuelo golpearon a Lucien con fuerza. Su mandíbula se tensó, y un destello de dolor cruzó por sus ojos. Pensó en sus hijos… claro que tenían una madre. De hecho, ahora mismo estaba en casa. Olivia no había podido ocultar su mirada de admiración hacia Grace, y estaba seguro de que James se llevaría bien con ella, igual que Emma. Pero Alessia… no. Sus hijos preferían a la señora Fox antes que a Alessia como madre. Esa idea lo reconfortaba y, al mismo tiempo, lo enfurecía.
Finalmente, habló, con un tono más frío y distante.
—Abuelo, conoces muy bien lo que pienso de esta boda y por qué lo hago. Para mí no tiene ningún significado, al igual que Alessia, aun con sus 60-90-60. No me interesa. Si me caso, es solo para complacerte.
El anciano apretó la mandíbula, deseando poder darle un par de bofetadas a su nieto testarudo. Desde siempre, Lucien había hecho lo que quería, desafiando a todos. Y por supuesto que le sorprendía era que hubiera accedido a ese matrimonio. Pero en el fondo, el anciano quería verlo feliz. Sabía que su nieto no había podido superar la muerte de su primer amor. Después de un momento de silencio, suspiró y habló con un tono algo más calmado.
—Bien, no seguiré insistiendo. No es como si te llevara de la mano. Ya no tienes cinco años, Lucien. Tienes cuarenta, sabes lo que haces.
Lucien asintió, inclinándose ligeramente hacia adelante, con una sonrisa dura.
—Lo sé, y por eso quiero que te mantengas a raya, viejo. Tú solo pídeme resultados, que yo voy a dártelos.
El anciano asintió lentamente, aunque sus ojos seguían reflejando preocupación y frustración a partes iguales. Así que decidió cambiar de tema, consciente de que insistir sería inútil.
—Hablando de resultados… —dijo Alaric, con un tono más bajo, casi conspirativo—. ¿Qué sabes del Cártel del Lobo Negro? Me han llegado rumores de que están metiendo las narices donde no deben. Han estado interceptando nuestros envíos, y no es la primera vez.
Lucien sonrió de lado, pero era una sonrisa fría, carente de humor. Sus ojos se entrecerraron, mostrando un destello peligroso.
—No te preocupes por eso, abuelo. Ya tengo a mis hombres trabajando en ello. Si el Cártel del Lobo Negro cree que puede jugar con nosotros, les voy a enseñar lo que pasa cuando alguien se mete con los Stanton. Para cuando termine con ellos, ni sus madres los van a reconocer.
El anciano asintió satisfecho, su mirada cargada de aprobación mientras apoyaba ambas manos sobre el pomo de su bastón.
—Bien, confío en que hagas valer nuestro poder. Tengo que reconocer que, desde que estás al frente, nos hemos mantenido en el anonimato otra vez, algo que casi perdemos por culpa de tu hermano.
Lucien se recostó nuevamente, esta vez más tranquilo y una leve sonrisa de autosuficiencia apareció en sus labios.
—Por eso, es que he mantenido mi carrera de médico —dijo con un tono relajado —. Eso… nos hace ver más humanos. Aunque deberían agradecerme unos cuantos, soy bueno en lo que hago.

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