C177- QUIERO IRME.
Aaron irrumpió en la sala de emergencias, con la respiración entrecortada y la mirada frenética.
—¡Mi esposa! Kate Anderson... ¿Dónde está? ¿Cómo está? —preguntó al mostrador, con urgencia en la voz.
La enfermera levantó la vista, notando el estado alterado de Aaron. Con un gesto profesional pero empático, se levantó de su asiento.
—Señor Anderson, por favor, sígame.
Sin decir nada más, Aaron asintió rápidamente y la siguió. Finalmente, la enfermera se detuvo frente a una puerta y la abrió. Aaron entró, y el aire pareció escapársele del pecho. Allí estaba Kate, acostada en la cama. Pálida, débil, con su cabello desordenado y una vía conectada a su brazo. Los monitores emitían pitidos rítmicos, pero lo que más lo golpeó fue su fragilidad.
Kate abrió los ojos lentamente, como si sintiera su presencia. Al verlo, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios antes de que sus párpados volvieran a caer pesadamente.
—Kate... amor, estoy aquí —dijo Aaron, acercándose. Su voz temblaba mientras se sentaba junto a la cama y tomaba su mano con cuidado, como si temiera lastimarla—. ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Y el bebé?
Kate humedeció sus labios secos y lo miró con esfuerzo.
—El bebé... el bebé está a salvo —susurró.
Aaron cerró los ojos, dejando escapar un suspiro tembloroso de alivio. Por un momento, dejó caer la cabeza hacia adelante, como si el peso del mundo hubiera sido levantado de sus hombros. Luego, levantó la mirada.
—¿Qué pasó, Kate? —preguntó, su voz cargada de nerviosismo—. ¿Por qué tuviste ese accidente?
Kate desvió la mirada y su rostro se endureció al recordar la discusión con Cristine.
—Fue Cristine —dijo.
Aaron parpadeó, confundido.
—¿Cristine?
Kate asintió lentamente.
—No sé cómo supo dónde estaba, pero confrontó en la calle. Discutimos... ella estaba fuera de sí, Aaron. Me dijo cosas horribles. Intenté irme, pero no me dejó. Y luego... forcejeamos. Ella… ella me empujó.
Aaron se quedó inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido. Su expresión pasó de la sorpresa al shock, y luego a una furia contenida. Su mandíbula se tensó, y sus manos se apretaron en puños.
—Ella va a pagar por esto —dijo con voz grave, casi como una promesa—. Te lo juro, Kate. Va a pagar.
Su mirada, cargada de rabia, se suavizó al posarse en ella. Y la culpa comenzó a invadirlo, bajó la cabeza, negando.
—Lo siento... lo siento tanto. Esto es mi culpa de algún modo. Yo debería haber hecho algo. Sabía que Cristine no estaba bien, sabía que...
—No, Aaron —lo interrumpió Kate con un suspiro—. No es tu culpa.
El la miró, pero la culpa seguía reflejada en sus ojos. Y Kate suspiró nuevamente y esta vez su mirada cansada se fijó en el techo.
—Pero esto... esto me ha hecho reflexionar —añadió.
El cuerpo de Aaron se tensó de inmediato. Algo le decía que no le gustaría lo que vendría.
—¿Qué quieres decir?

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