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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 179

C179- LO ESTOY CONSOLANDO.

Kate se quedó quieta, sin saber qué decir. Las palabras de Sergio se repetían en su mente, pero no podía procesarlas. Y de pronto, su cuerpo reaccionó antes que su mente, y, en un impulso, se levantó de golpe, alejándose de él, sintiendo cómo todo se desmoronaba alrededor de ella.

No podía quedarse allí escuchando eso.

—No —dijo, la voz un poco temblorosa, pero firme—. No voy a dejar a Aaron.

Sergio la miró, confundido. No esperaba esa respuesta. Se acercó, tratando de calmarla.

—Kate, tienes que verlo. Aaron es descuidado, no te pone como prioridad... —dijo, como si eso fuera lo más obvio.

Kate, herida por sus palabras, apretó los dientes y lo miró con dureza.

—¡Basta, Sergio! No hables de él así. Aaron se preocupa por mí, por el bebé. Estaba destrozado cuando me vio en el hospital. Estaba desesperado... ¡desesperado! No tienes idea de lo mucho que se preocupó.

Recordó cómo Aaron no podía dejar de mirarla, su rostro lleno de miedo, el dolor que sentía por verla tan frágil. Aquello no era descuido, aquello era amor.

Sergio intentó seguir, como si no hubiera escuchado nada de eso.

—Pero Kate, eso no cambia lo que está pasando... —empezó, pero ella lo interrumpió de inmediato.

—Sergio. —se cruzó de brazos, como si intentara protegerse de las palabras de él—. No me parece justo lo que estás insinuando. No me parece de un amigo que tú vengas a aprovecharte de la situación...

Las palabras de Kate se clavaron como una daga. Y Sergio se quedó callado, sorprendido, dándose cuenta de que había cruzado la línea y que las cosas ya no serían igual entre ellos.

—Kate, yo solo... —intentó decir, pero ella levantó una mano, deteniéndolo.

—Ya no sé si podemos seguir siendo amigos. Después de lo que me dijiste, todo ha cambiado. Y yo soy una mujer casada, no voy a faltar al respeto a mi marido... ni al padre de mi hijo.

Sergio se quedó sin palabras. Nunca imaginó que Kate le diría eso. Por un momento, su rostro mostró un leve rastro de arrepentimiento, pero no dijo nada más.

Kate miró al guardaespaldas que estaba cerca y le ordenó:

—Acompáñalo a la salida. Desde ahora, ya no es bienvenido aquí.

Ella no lo miró más, sino que comenzó a alejarse de él, sin darle espacio para un último intento de disculpa.

Al caminar, Kate sentía el peso de lo que acababa de decir. Sabía que había tomado una decisión. Aunque todo se había vuelto confuso, algo dentro de ella le decía que Aaron era su lugar. La situación la había abrumado, claro, pero eso no significaba que lo iba a dejar. Él era su marido, el padre de su hijo, eso era lo único que importaba ahora.

Cuando entró respiró hondo. Sabía que necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos, pero no para dejar a Aaron.

Eso jamás lo haría.

[*]

El agua caía sobre Aaron, empapando su cuerpo mientras se enjuagaba el champú. La sensación del agua caliente le ayudaba a despejarse, pero su mente volvía una y otra vez a Kate y a Sergio. Había estado preocupado, pero afortunadamente, el guardaespaldas le había informado que la charla no duró mucho, y que fue Kate quien terminó echando a Sergio.

Eso le sacó una sonrisa.

Pero Aaron no era tonto. No iba a dejar nada al azar. Usó sus contactos para que el "Policucho", como él lo llamaba, fuera transferido a una zona lejana de Inglaterra. Un sitio alejado de la buena de Dios.

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