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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 176

C176- CONFRONTACIÓN PELIGROSA.

Kate salió de la tienda de comestibles con una bolsa en una mano, mientras la otra descansaba instintivamente sobre su vientre. Las luces amarillas de las farolas pintaban sombras alargadas en la calle desierta. A lo lejos, un auto estacionado llamó su atención, pero decidió ignorarlo. Tenía cosas más importantes en mente.

Avanzó hacia su coche, pero el sonido de una puerta abriéndose la hizo detenerse. De aquel auto salió Cristine, su silueta recortada contra la luz. Caminaba rápido, con una mirada que ardía de odio.

—¡Hola perra! —la voz de Cristine era fría como el filo de un cuchillo—. Ahora tu y yo tenemos que hablar.

Kate giró lentamente y la sorpresa era evidente en su rostro.

—¿Cristine? —preguntó, tratando de entender la situación—. ¿Qué haces aquí? ¿Me estás siguiendo?

Cristine soltó una risa amarga que resonó en la calle vacía.

—No voy a darte explicaciones, estoy aquí para poner las cosas en claro. Se muy bien cuál es tu juego.

Kate cruzó los brazos, su paciencia comenzando a agotarse.

—No tengo idea de qué hablas, pero no tengo tiempo para esto. Déjame tranquila.

Cristine dio un paso más cerca, su furia creciendo con cada palabra.

—¡No voy a dejarte tranquila! —espetó, con los ojos encendidos—. ¿Crees que no sé lo que estás haciendo? ¡Eres una zorra manipuladora! Te metiste en medio de mi relación con Aaron, y ahora estás usando a ese bastardo que llevas dentro para atraparlo.

El impacto de esas palabras hizo que Kate retrocediera.

—¿Qué? ¿Cómo… como sabes que estoy embarazada?

―Eso es lo de menos ―espetó Cristine ―Lo único que debes saber es que no voy a dejar que ¡le metas el hijo de otro!

La cara de Kate era de total incredulidad.

―¿De verdad estás tan loca como para decir algo así? Este bebé es de Aaron, ¡de nadie más!

—¡Mentira! ―Cristine gritó, perdiendo el control ―Aaron nunca podría querer algo contigo. ¡Eres una intrusa! ¡Una víbora que destruyó nuestra relación! Pero no voy a dejar que lo embauques con este hijo falso. ¡No lo voy a permitir!

La rabia de Kate finalmente estalló. Dio un paso al frente, enfrentándola.

—¡Ya basta! Aaron me ama. Me eligió a mí y te dejo porque no soportaba estar contigo. ¡Acéptalo de una vez! Él te olvidó, y tú no eres más que una obsesiva patética.

Cristine temblaba de rabia, sus puños cerrados como si contuvieran una explosión.

—¡Perra infeliz! —gritó, su voz desgarrada—. ¡No tienes idea de lo que Aaron siente! ¡Él me ama! Tú solo eres un error, una mancha en su vida que voy a borrar.

—¿Ah, sí? ―Kate no retrocedió. Su tono en cambio era desafiante, casi letal ―Pues déjame decirte algo: Aaron no quiere saber nada de ti. Y si crees que voy a quedarme aquí escuchando tus delirios, estás muy equivocada. ¡Lárgate!

La furia de Cristine alcanzó su punto de quiebre. Levantó la mano, con una intención clara. Pero Kate reaccionó rápido, sujetándola por la muñeca.

—¡Suéltame! —gritó Cristine, forcejeando—. ¡No me toques!

—No voy a dejar que vengas a amenazarme y además golpearme—respondió Kate, apretando los dientes—. ¡Busca ayuda, Cristine! Estás enferma.

El forcejeo se intensificó. Y Cristine, cegada por su ira, empujó a Kate con toda su fuerza. El mundo pareció ralentizarse cuando Kate tropezó hacia atrás, su cuerpo cayendo con un golpe seco contra el borde de la acera.

Un grito desgarrador salió de su garganta.

—¡Ahhh! ¡No! ¡Mi bebé! ¡Mi bebé! —Kate se llevó las manos al vientre, su rostro contorsionado por el dolor.

Cristine se quedó inmóvil, con respiración entrecortada mientras veía la sangre que comenzaba a manchar la ropa de Kate. Su expresión de odio se desmoronó en una mezcla de pánico y horror.

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