C173- DESTINO.
La mansión del duque brillaba bajo la luz del sol, transformada en un escenario digno de un cuento de hadas. Los jardines, decorados con flores de temporada y delicados ornamentos, parecían sacados de un sueño. Todo estaba cuidadosamente planeado, incluso el gran danés, Duque, permanecía sujeto con una correa, bajo la vigilancia de uno de los sirvientes.
Nadie quería repetir el incidente del pastel volador.
Y Esta vez, Alexander había tomado todas las precauciones, asegurándose de que incluso Scotland Yard estuviera presente, garantizando que nada ni nadie interrumpiera el gran día.
En las habitaciones de arriba, el aire estaba cargado de emoción y risas infantiles. Grace estaba frente a un espejo, usando un nuevo vestido de novia, mientras sus hijas, Emma y Olivia, revoloteaban a su alrededor. Emma, con sus rizos dorados y su expresión curiosa, se detuvo un momento para observar a su madre con seriedad.
—Mami, ¿el hombre malo no volverá nunca más? —preguntó con una inocencia que hizo que el corazón de Grace se encogiera por un instante.
Se inclinó, acariciando suavemente la mejilla de su pequeña. Y su voz fue firme, pero dulce, como un bálsamo para los miedos de su hija.
—No, amor. El hombre malo no vendrá nunca más.
Olivia, sentada frente al tocador mientras se peinaba y aplicaba un poco de brillo de labios que había tomado prestado, intervino con su vocecita dulce y segura.
—El abuelo trajo muchos policías. Dice que ni siquiera el rey podría entrar.
Grace no pudo evitar reír ante la ocurrencia de su hija.
—Cariño, el rey es amigo del abuelo.
Olivia levantó la vista, encogiéndose de hombros con naturalidad.
—Lo sé, mami, pero es el único viejito que conozco con tanto poder o más que el abuelo.
La risa de Grace llenó la habitación mientras extendía las manos hacia sus hijas.
—Bueno, ya están listas. Creo que papá nos está esperando.
—¡Sí! —gritaron las niñas al unísono, saltando emocionadas. Emma tomó la mano de Grace mientras Olivia se adelantaba unos pasos, con una sonrisa traviesa.
—Finalmente te casarás con papá —dijo Emma con entusiasmo—. Y nos darás otros hermanitos.
Grace se detuvo en seco, sintiendo cómo el color abandonaba su rostro.
—¿Hermanitos?
—Sí, mami —respondió Olivia con total seguridad—. Todos nos pusimos de acuerdo y queremos que tengas nuevamente trillizos. Pero esta vez pide dos niños y una niña, así estaremos a la par.
Grace parpadeó, sin saber si reír o preocuparse. Sus hijas hablaban de tener bebés como si fuera tan sencillo como hacer un pedido por catálogo. Tragó saliva y sonrió con cierta torpeza.
—Eh… bueno… creo que eso no es tan fácil como piensan, pero lo hablaremos después, ¿de acuerdo? Ahora vamos, ya quiero casarme con papá.
Las niñas rieron, felices, y salieron corriendo de la habitación, dejando a Grace con una mezcla de emociones que oscilaban entre la risa y el desconcierto. Respiró hondo, ajustó el velo sobre su cabeza y las siguió con paso firme.

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