C174- YA SOMOS UNA FAMILIA.
La ceremonia había sido perfecta.
El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados. Y el jardín, que antes estaba lleno de nervios y expectativas, se transformaba en un espacio mágico, iluminado con luces colgantes que danzaban con la brisa nocturna. Las mesas elegantes estaban decoradas con flores frescas, y una pista de baile, ubicada justo debajo de las estrellas, esperaba a los recién casados.
El sacerdote levantó la voz, con una sonrisa cálida, y proclamó las palabras que todos esperaban.
—Y ahora los declaro marido y mujer. —Le sonrió a Lucien y asintio—. Puede besar a la novia.
Lucien, con la mirada fija en Grace, no necesitó más palabras. Se acercó a ella; sus manos temblaban ligeramente de emoción, pero su voz, cuando habló, era suave, casi un susurro.
—Te amo.
Grace no pudo evitar que una lágrima rodara por su mejilla, y con una sonrisa llena de amor, se acercó a él. El beso que compartieron fue dulce, pero cargado de años de espera, de historia.
Los aplausos llenaron el aire, seguidos por un estallido de pétalos de flores que cayeron alrededor de ellos, como un suave confeti que celebraba ese amor.
Grace sonrió, mirando a su alrededor.
Los trillizos, James, Emma y Olivia, aplaudían emocionados, sus ojos brillando con un amor tan puro que era casi palpable. Mientras que Alaric y Alexander, de pie junto a ellos, no dejaban de mirar a los recién casados con una alegría silenciosa.
—¡Ahora sí! —exclamó el animador de la fiesta, con una energía contagiante—. Lucien y Grace, ¡es hora de su primer baile como esposos!
Lucien, con una sonrisa encantadora, extendió la mano como un caballero. Grace, con la mirada fija en él, la tomó, y en un movimiento suave y elegante, la condujo hacia la pista de baile. Los invitados observaban en silencio mientras las luces de la fiesta creaban un halo de romanticismo en torno a ellos.
La música comenzó a sonar, lenta y suave, pero lo que sorprendió a Grace fue la voz que resonó en el aire. Se giró, desconcertada, cuando vio a su cantante favorito sobre el escenario.
—Oh, Dios... ¿es... es Ed Sheeran? —susurró, casi incapaz de creer lo que veía.
Lucien la atrajo hacia sí, envolviéndola con sus brazos firmemente, y comenzó a moverse al ritmo de "Perfect", con una sonrisa traviesa.

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