C169- REENCUENTRO EN EL CAOS.
Enzo no respondió de inmediato. Su mirada se endureció, pero no bajó el arma. A su lado, Lucien permanecía alerta, sus ojos moviéndose entre Adriano y los alrededores, anticipando cualquier movimiento.
Enzo, sin embargo, no mostró ni un rastro de preocupación.
—Alessandro fue un daño colateral —dijo, con una frialdad que hizo que incluso Lucien lo mirara de reojo—. Quien empezó esa guerra fue tu padre. No yo.
Las palabras golpearon a Adriano como un puñetazo. Sus manos temblaron por un momento, pero rápidamente apretó los puños, su rostro transformándose en una máscara de furia.
—¡Era solo un joven! —gritó Adriano, dando un paso hacia ellos—. ¡Alessandro no tenía nada que ver con los negocios de mi padre! ¡Era inocente, m*****a sea!
Pero Enzo no se inmutó. Su mirada permaneció fija en Adriano, fría como el hielo.
—Entonces debería haber entendido cómo funciona este mundo —respondió, su tono cortante como una hoja—. O comes, o te comen. Esa es la regla. Y Alessandro… simplemente pagó por los errores de Doménico.
—¡Cállate! —rugió Adriano—. ¡No tienes derecho a hablar de él así! ¡Era mi hermano, maldito bastardo!
Sin esperar una respuesta, Adriano apretó el gatillo. El disparo salió y Enzo y Lucien se lanzaron al suelo, rodando hacia lados opuestos para evitar el ataque.
El sonido de los disparos llenó el aire mientras Adriano continuaba disparando, su furia descontrolada guiando cada bala. Enzo, cubierto detrás de un pilar, observó a su atacante y luego a su amigo.
—¡Lucien! —gritó—. ¡Ve por ella! ¡Ve por Grace!
Lucien asintió, levantándose lo suficiente para disparar hacia Adriano, obligándolo a retroceder. Mientras tanto, Enzo se movió con rapidez, rodeando a su enemigo con una precisión calculada.
—¡No puedes esconderte para siempre, Enzo! —gritó Adriano, cargado de odio—. ¡Voy a hacerte pagar, aunque sea lo último que haga!
—Sigues hablando demasiado, Adriano —respondió Enzo con frialdad, mientras disparaba un par de veces hacia su enemigo para mantenerlo bajo presión. Sus balas impactaron cerca de Adriano, obligándolo a agacharse y buscar cobertura detrás de un muro derruido. Sin perder un segundo, Enzo giró la cabeza hacia Lucien y le hizo una señal con la mano.
Lucien entendió al instante. Con movimientos rápidos y sigilosos, se deslizó hacia la puerta principal de la mansión y el salón lo recibió con un silencio inquietante. No había guardias, ni sirvientes, ni el más mínimo rastro de vida. Era como si la mansión estuviera vacía. Lucien apretó los dientes. Sabía que esto no era normal.
Esto no podía ser más que una trampa, pero no tenía más opción e iría por Grace.

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