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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 165

C165- A CASA.

ESPAÑA.

Grace se quedó paralizada, el auricular todavía temblando en su mano. La mirada de la ama de llaves era intensa, como si pudiera atravesarla con solo sus ojos. Por un momento, el silencio entre ambas fue tan pesado que parecía llenar toda la habitación.

—Cuelga el teléfono —ordenó la mujer.

—Por favor... —susurró Grace, con los ojos llenos de lágrimas—. Te lo ruego…

La ama de llaves dio un paso hacia ella, cerrando la puerta con cuidado. Su rostro no mostraba ni enojo ni compasión, solo una neutralidad inquietante.

—Si te descubren ahora, no habrá segunda oportunidad. Doménico no es tonto —su voz era un susurro afilado, las palabras cayendo como un balde de agua fría sobre Grace.

—¿Qué? —Grace sintió cómo el miedo la envolvía por completo.

La mujer se inclinó hacia ella y bajó la voz para no ser escuchada.

—Te he estado observando. Y sé lo que intentas hacer. Pero si no eliges el momento correcto, no solo tú pagarás el precio, sino también yo.

Grace tragó saliva, incapaz de apartar la mirada.

—¿Por qué...? ¿Por qué me estás diciendo esto?

La ama de llaves suspiró, como si estuviera debatiéndose internamente.

—Porque no soporto verlo más. Lo que Doménico le hace a la gente... lo que te hará a ti si te atrapa. —Hizo una pausa y miró hacia la puerta, como si esperara que alguien pudiera aparecer en cualquier momento—. Pero si quieres salir de aquí viva, tendrás que confiar en mí, ¿entiendes?

Grace apretó el auricular con fuerza, su mente luchando por procesar lo que estaba escuchando.

—¿Y cómo sé que no me vas a traicionar?

La ama de llaves esbozó una sonrisa amarga.

—No lo sabes. Pero si quieres sobrevivir, no tienes otra opción.

Grace miró el teléfono, y su corazón se dividió entre el deseo de terminar la llamada y el miedo de que la mujer tuviera razón. Finalmente, con lágrimas en los ojos, colgó el auricular con cuidado.

—¿Qué hago ahora?

La mujer se enderezó y cruzó los brazos.

—Espera. Yo te diré cuándo moverte. Pero hasta entonces, haz lo que él te diga. No lo provoques. Porque si sospecha algo, no habrá nada que yo pueda hacer por ti.

Grace asintió lentamente, sintiendo cómo su pecho se apretaba con una mezcla de miedo y esperanza.

—Gracias... —murmuró, aunque la palabra se sentía extraña en sus labios.

La ama de llaves no respondió. En lugar de eso, abrió la puerta con cuidado y echó un vistazo al pasillo antes de volverse hacia Grace.

—Vuelve a tu habitación. Y recuerda: Doménico siempre está vigilando.

Grace salió de la oficina con pasos temblorosos, sintiendo cómo el peso de la situación caía sobre sus hombros. Ahora tenía una aliada, o al menos eso esperaba. Pero también sabía que el reloj estaba en su contra, y que cada segundo que pasaba la situación para ella empeoraba.

Mientras tanto, en un hotel…

El hombre se encontraba de pie frente al ventanal, su figura imponente apenas era cubierta por una toalla blanca que colgaba de sus caderas. Las gotas de agua resbalaban por su torso marcado y su cabello oscuro, aún húmedo, mientras sus ojos negros, profundos y peligrosos, miraban fijamente el horizonte del mar. En su mano, el teléfono parecía a punto de romperse bajo la presión de sus dedos.

—¿Estás seguro? —preguntó.

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