C162- UN TRATO ES UN TRATO.
Grace se quedó congelada después de escucharla.
—¿Estás loco? —soltó, su voz temblando entre incredulidad y rabia—. ¡Tu hijo… él… él…!
—Está en coma —respondió Doménico con frialdad—. Lo sé. Lo he sabido durante estos malditos siete años.
Grace tragó saliva al escuchar el tono cargado de ira en su voz. Doménico dio un paso hacia ella, luego otro, deteniéndose a pocos metros de distancia.
—¿Quieres saber qué trato hicimos tu padre y yo? —preguntó, con voz gélida—. ¿Quieres saber por qué íbamos a casarnos?
—¡Él no es mi padre! —replicó Grace al instante, levantando la barbilla con determinación—. William Bradford no es mi padre. Mi padre es…
—Sí, sí, ahórrate la explicación, muchacha —la interrumpió con un gesto impaciente—. Estoy enterado. ¿Por qué crees que me acerqué a Alexander? Te he estado buscando por mucho tiempo, Grace, hasta que finalmente di contigo.
Un escalofrío le recorrió la espalda al escuchar esas palabras. Doménico sonrió al notar su reacción, pero fue una sonrisa que no tenía nada de calidez.
—Hace siete años, nuestra boda era fingida. Todo estaba planificado. Firmarías y, legalmente, serías la esposa de mi hijo.
Grace miró involuntariamente al hombre en la cama y luego a Doménico, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.
—Pero… si quieres un culpable de tu situación en ese entonces y ahora, pues… sería William. Él fue quien se ofreció. Yo no lo busqué.
Grace sintió que el estómago se le revolvía al escuchar esas palabras. Su mente la transportó a ese día hace siete años, al miedo, al dolor, al horror de todo lo que había vivido.
—Tu padre, o William, fue quien atendió a Alessandro el día del accidente —explicó—. Y aunque intentó hacer lo posible, fue inevitable este resultado. Así que… tuve que tomar acciones, Grace. Nadie fuera de mi círculo más cercano debía saber que mi heredero está en este estado.
Por un instante, la mirada de Doménico se suavizó al posarse en su hijo, pero solo duró un segundo antes de volver a su tono implacable.
—William escuchó mi llamada. Esa noche le ordené a mi hombre de confianza que encontrara una mujer, fuera de la mafia. Necesitaba a alguien ajeno a todo, alguien que no hiciera preguntas y que obedeciera. Quería a alguien que buscara lujo y dinero, y a cambio obtendría una vida al lado de un hombre dormido.
Grace frunció el ceño, confundida y cada vez más indignada.
—Y William te propuso a ti. Dijo que cumplías todos los requisitos. Y cuando me dijo que eras médico y que podrías cuidar de Alessandro, acepté. Le di mucho dinero a cambio de ti, Grace. Y él… me engañó, porque tú escapaste.
El nudo en el estómago de Grace se intensificó. Sus manos temblaban ligeramente, pero no iba a dejar que él lo notara.
—Y bueno… como pagué por ti, por eso estás aquí. Para terminar lo que debiste hacer hace siete años.

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