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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 161

C161- NECESITO VOLVER.

El jet privado aterrizó suavemente en la pista privada del aeropuerto de Chicago. Cuando la puerta del avión se abrió, Lucien bajó los escalones con paso firme, apenas pisó tierra, un auto negro lo esperaba con el motor encendido. Un hombre con traje oscuro abrió la puerta trasera sin decir una palabra. Subió sin hacer contacto visual y se acomodó en el asiento y mientras el coche avanzaba por las calles.

Las luces parpadeaban en sus ojos, pero su mente estaba en otro lugar, al día de su boda. A Doménico llevándose a Grace, sus hijos llorando, al caos en que se habia convertido el día más feliz de su vida.

Él había investigado, claro que sí. Había seguido cada pista, cada rastro, pero todo terminaba en callejones sin salida. Y en algún momento, tuvo que aceptar que no había nada. Y por eso Grace… Grace le fue arrebatada.

El pensamiento de ella lo golpeó como un puñetazo en el estómago. Cerró los ojos por un momento y apretó los puños sobre sus rodillas. La culpa era un peso constante, un recordatorio de que no había podido protegerla.

Pero no era tan simple.

Había otras personas que dependían de él, otras vidas que también estaban en juego. Había tomado decisiones difíciles, y cada una de ellas lo perseguía. El coche giró por un camino privado y finalmente, se detuvo frente a una casa inmensa. Lucien salió del auto con la misma calma con la que había bajado del avión. No dijo nada. Simplemente caminó hacia la puerta principal, que se abrió antes de que pudiera tocar.

La sala era lujosa, con techos altos y muebles que parecían sacados de una revista. Pero Lucien no se fijó en los detalles. Sus ojos se encontraron con los de un hombre que estaba de pie frente a él.

—Il buon figlio torna a casa. (el buen hijo siempre vuelve a casa) —Su voz tenía ese tono cálido y grave que recordaba bien.

Lucien resopló por lo bajo, incapaz de evitar una leve sonrisa. Finalmente, dejó escapar una risa breve y se acercó.

—Es bueno volver a verte, Enzo Bianchi.

Ambos se estrecharon en un abrazo breve pero firme, dándose palmadas en la espalda como viejos amigos que no necesitaban palabras para entenderse. Pero bajo esa camaradería, había un propósito. Lucien había regresado, y no era solo por nostalgia, era para recuperar a Grace.

Más tarde, en el estudio, la atmósfera era pesada. Lucien estaba de pie, con las manos en los bolsillos de su abrigo, mirando a Enzo, que estaba sentado en un sillón de cuero oscuro. No había tiempo para rodeos ni para explicaciones largas. Había venido por una razón, y no iba a perder ni un segundo.

—Necesito tu ayuda —dijo, con una seriedad que hizo que Enzo levantara una ceja.

—¿Qué pasa? —preguntó, dejando el vaso de whisky que tenía en la mano sobre la pequeña mesa a su lado.

Lucien apretó la mandíbula antes de soltarlo. Decirlo en voz alta hacía que todo se sintiera más real, más urgente.

—Han secuestrado a Grace. Mi esposa.

Por un instante, el rostro de Enzo pasó de la sorpresa a la preocupación. Su postura relajada cambió y ahora estaba completamente atento.

—¿Quién? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia adelante.

—Un hombre llamado Doménico Montclaire —respondió Lucien, sacando una fotografía del bolsillo interior de su abrigo y extendiéndosela a Enzo—. Él estuvo a punto de casarse con Grace. Lo investigué, pero nunca encontré nada. Era como si no existiera… Y ahora, ha reaparecido.

Enzo tomó la fotografía y su expresión cambió drásticamente, se puso de pie de golpe, casi tirando el sillón hacia atrás, y comenzó a caminar hacia el ventanal que daba al jardín.

Lucien lo observó y algo en la reacción de su amigo llamó su atención.

—Montclaire… —murmuró Enzo, apretando los dientes.

—Lo conoces —preguntó Lucien, más como una afirmación que como una pregunta.

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