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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 157

C157- BODA ROMANTICA.

Grace descendía las escaleras con pasos lentos, su vestido blanco se deslizaba como un río de seda sobre los escalones. Al llegar al último peldaño, levantó la mirada y allí estaba él: Alexander, su padre, esperándola. Sus ojos brillaban con una mezcla de orgullo y nostalgia mientras la contemplaba.

—Eres igual a tu madre, Grace. Hermosa, fuerte... Estoy tan orgulloso de ti —dijo con ternura.

Grace sintió cómo su corazón se llenaba de emoción. Sus ojos comenzaron a humedecerse, pero antes de que una lágrima pudiera caer, su padre sonrió y levantó una ceja.

—No arruines tu maquillaje, cariño. No querrás que te vean llorando antes de siquiera llegar al altar.

Grace rió mientras parpadeaba para que no cayeran las lágrimas.

—Eso se supone que lo dicen las mujeres, papá.

—Bueno, soy un papá moderno, cariño.

Entre risas y miradas cómplices, Alexander tomó la mano de su hija y juntos salieron donde el auto los esperaba. Grace respiró hondo antes de subir, emocionada y ansiosa por lo que estaba por venir.

En la iglesia, Lucien caminaba nervioso. Sus manos estaban enterradas en los bolsillos de su pantalón mientras su mirada se dirigía una y otra vez hacia la entrada. Alaric observaba la escena con diversión.

—Relájate, muchacho. Grace no va a huir. Ella te ama, aunque no entiendo por qué —dijo burlón.

Lucien le dedicó una sonrisa nerviosa.

—Lo sé, abuelo, pero... siento que... no sé...

Alaric soltó una carcajada.

—Esos son nervios de novio, chico. Se supone que las mujeres son las que andan así, no tú.

Lucien se rió ante el comentario, aunque el nerviosismo seguía presente en su rostro. Sus ojos volvieron a clavarse en la puerta de la iglesia.

—No voy a estar tranquilo hasta que Grace salga de aquí conmigo, abuelo… No hasta que sea mi esposa, ante Dios.

Alaric negó con la cabeza, riendo entre dientes. Pese a sus bromas, no podía evitar sentirse conmovido al ver a su amado nieto tan feliz.

El auto avanzaba por las calles de la ciudad. Grace miraba por la ventana, pero su mente estaba en la iglesia. Su expresión era un reflejo de amor y emoción. Su corazón latía con fuerza al imaginar a Lucien esperándola.

—¿Estás lista, mi amor? —preguntó Alexander, cuando finalmente se detuvieron frente a la catedral.

Grace sonrió y asintió.

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