Entrar Via

LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 15

CAPÍTULO 15 - ¿MAMÁ?

Grace le echó una última mirada a Lucien antes de seguir a la ama de llaves, con Emma y Olivia siguiéndola de cerca. Él las observó en silencio, con la mirada fija en la figura de Grace hasta que desaparecieron al doblar la esquina. Su atención se perdió solo cuando la voz de Alessia lo interrumpió, seria y afilada.

—¿Por qué trajiste a esa mujer? —preguntó ella, con tono contenido, pero claramente molesto.

Lucien giró la cabeza hacia ella, y sus ojos se volvieron fríos como el hielo al clavar su mirada en los de su prometida.

—¿Desde cuándo te doy explicaciones? —respondió, seco y distante.

Intentó pasar a su lado, pero Alessia lo detuvo al sostenerlo del brazo con fuerza. Lo miró a los ojos, buscando respuestas más allá de su habitual frialdad. Su corazón de mujer le decía que esa niñera no era una simple empleada. Lucien nunca la había mirado a ella así en todo el año que llevaban comprometidos.

La mirada de Lucien, aunque dura, escondía algo más. Había deseo en esos ojos, una chispa que Alessia reconoció en el acto. Había algo que lo ataba a esa mujer, estaba segura.

—Soy tu prometida, Lucien, y pronto seré la señora de esta casa —declaró—. Y tengo derecho a saber quién está cerca de ti y de tus hijos.

Él la miró por un segundo más y, de repente, una risa amarga y cruel escapó de sus labios. Se apartó bruscamente, soltándose de su agarre.

—No seas hipócrita, Alessia. Sabes muy bien que este matrimonio es una puta mentira —escupió con desprecio—. Me caso contigo para seguir siendo el capo, pero de mi parte no hay ningún interés en ti.

Dio un paso hacia ella y se inclinó lo suficiente para que su voz baja retumbara solo en sus oídos.

—Así que puedes seguir cogiendo con tu entrenador. No me importa.

Los ojos de Alessia se abrieron de par en par, reflejando sorpresa y rabia a la vez. Lucien, divertido por su reacción, sonrió de lado.

—¿Creíste que no lo sabía? Pues que te quede algo muy claro, Alessia: nada sucede sin que yo lo sepa —su sonrisa se borró y su tono se volvió más oscuro y letal—. Y aprovecho para advertirte: si vuelves a lastimar a mi hija... no me importará que tu padre controle toda la costa sur ni que sean aliados de los irlandeses. Te joderé sin remordimientos, ¿entiendes?

La impotencia se dibujó en el rostro de Alessia, una impotencia que la hizo tambalearse por un segundo. Lucien la miró un instante más y, como si nada hubiera pasado, sonrió de nuevo.

—Ahora, si me disculpas, futura señora Stanton, quiero descansar. Estás en tu futura casa.

Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y se marchó, dejándola allí, sola. Alessia se quedó inmóvil, con la furia y la impotencia grabadas en cada línea de su rostro. Respiró hondo para contener las lágrimas, pero en su mente solo brillaba una imagen: la niñera.

El recuerdo de esa mujer encendió una ira profunda y ardiente en su pecho, haciendo que cerrara los puños con fuerza. Y llegó a la conclusión de que esa mujer no era tan simple y que ella lo descubriría.

[*]

El ama de llaves se detuvo frente a la habitación de James y Grace, con el corazón latiéndole más rápido que nunca. Inspiró profundo y se preparó para abrir la puerta, pero justo cuando su mano tocó el pomo, sintió una suave manita rozar la suya. Se detuvo en seco, confundida, y miró hacia abajo. Ahí estaban los grandes ojos azules de Olivia, mirándola con una mezcla de timidez y anhelo.

—Señorita... —susurró Olivia, apenas audible—. ¿Usted... nos va a cuidar?

Grace sintió su corazón apretarse al escucharla. Tragó saliva y ahogó un jadeo, intentando mantener la calma frente a las niñas y al ama de llaves. Se arrodilló para estar a su altura y sonrió con dulzura.

—Claro que sí, mi cielo. Estoy aquí para cuidarlas y para que se sientan felices.

Olivia bajó la mirada, jugando con sus manos nerviosamente.

—¿De verdad? —preguntó, alzando los ojos brillantes—. Es que... queremos mucho a una mamá...

Emma, que había estado observando en silencio, dio un paso adelante, su voz cargada de esperanza y vulnerabilidad.

—¿Usted... podría contarnos cuentos antes de dormir? No tengo una mamá y papá siempre está ocupado...

Grace sintió que las lágrimas amenazaban con brotar, pero se mantuvo firme. Acarició suavemente las mejillas de sus hijas, sintiendo el calor de su piel.

—Por supuesto, mis amores. Les contaré todos los cuentos que quieran, y estaré aquí siempre que me necesiten.

Había algo en su voz, una protección maternal tan fuerte que hizo que el ama de llaves frunciera ligeramente el ceño. Observó a Grace con curiosidad, porque aquella mujer no hablaba como una niñera más. No, en su opinión, se parecía más a una madre gallina dispuesta a proteger a sus polluelos.

De repente, Olivia, incapaz de resistirse, siguió el impulso que la guiaba y se arrojó a los brazos de Grace.

—¿Puedo darte un abrazo? —preguntó con timidez, sus ojos suplicantes.

Grace la recibió sin dudarlo, cerrando los ojos con fuerza y dejando escapar una sonrisa que parecía brotar desde lo más profundo de su ser.

—Claro que sí, cariño. Puedes abrazarme siempre que quieras.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!