C148-PROVOCACIÓN.
Aaron regresó a casa después de haber pasado horas planeando cómo acabar con Cristine. Su mente estaba nublada, no solo por la estrategia, sino por la culpa que lo carcomía. Sabía que todo lo que estaba pasando con Kate era su culpa.
Al estacionar frente a su casa, su ceño se frunció al instante. Un auto conocido estaba aparcado frente a la entrada. Lo reconoció de inmediato: era el auto de Sergio, el mismo que vio el día de la fiesta. Su estómago se retorció y una ola de malestar lo invadió.
Con un movimiento brusco, cerró la puerta del auto con fuerza y avanzó hacia la entrada. Justo en ese momento, Sergio salió de la casa con una sonrisa despreocupada, como si estuviera en su propio hogar.
Aaron lo observó con una mezcla de rabia y desdén siendo incapaz de contenerse.
—Vaya… ¿Qué tanto hace el “mejor amigo” de mi esposa rondando por aquí? ¿No tienes otra cosa que hacer? —preguntó con sarcasmo y desdén.
Sergio, lejos de inmutarse, se metió las manos en los bolsillos y lo miró con una calma provocadora.
—Solo estoy haciendo lo que cualquier buen amigo haría. Después de todo lo que ha pasado, pensé que Kate necesitaría algo de apoyo. Ya sabes, alguien que realmente se preocupe por ella —respondió con una sonrisa burlona.
Las palabras de Sergio fueron como una daga para Aaron, quien dio un paso al frente, mirándolo fijamente con una expresión gélida.
—Mi esposa no necesita nada de ti. Yo estoy aquí para ella, y tú deberías mantenerte al margen. Esto no es tu maldito problema, Sergio. No olvides tu lugar... eres un simple amigo, nada más —dijo Aaron, frío y amenazante.
Sergio sintió la humillación en esas palabras, pero en lugar de retroceder, se rió con sorna, encendiendo aún más la ira de Aaron.
—¿El marido perfecto? Por favor, Aaron. Déjame bajarte de tu m*****a nube de niño rico. ¿Quieres saber lo que eres? Un esposo negligente. Un futuro padre ausente. Tu incapacidad para proteger a Kate y al bebé es tan patética que alguien tenía que hacerlo.
Aaron, lleno de ira, se lanzó hacia Sergio, empujándolo contra la pared con fuerza. Se inclinó hacia él y susurró al oído, su voz baja pero cargada de amenaza:
—Por tu bien lárgate y no aparezcas de nuevo, porque si vuelves a acercarte a Kate o a mi hijo, te aseguro que no vivirás para contarlo.
Por un momento, Sergio pareció quedarse en shock, pero rápidamente recuperó la compostura y su sonrisa burlona.
—¿Tu hijo? ¿De verdad crees que puedes llamarte padre? ―Sergio lo empujo y luego se limpió la ropa como si el toque de Aaron lo ensuciara ― ¿Sabías que fui yo quien acompañó a Kate a su última cita con el obstetra?
Las palabras de Sergio golpearon a Aaron como un balde de agua fría. Y lo miró fijamente, tratando de descifrar si esas palabras eran solo una provocación o si había algo más detrás de ellas.
―Sí, Aaron. Estuve ahí. Escuché el latido del corazón de tu bebé por primera vez. Fue... conmovedor. Un momento que tú, el gran esposo y padre, ni siquiera te molestaste en experimentar —dijo, provocador y brutal.
Por un instante, el rostro de Aaron reflejó sorpresa y dolor. Era algo que no sabía, y algo que no había vivido. La ira se mezcló con la culpa, pero antes de que pudiera reaccionar, Sergio se rio una vez más, disfrutando de la herida que acababa de abrir.
—¿Sabes qué es lo mejor de todo? Que en ese momento, Kate no te mencionó ni una sola vez —añadió con una sonrisa venenosa ―Así que… puede que no seas indispensable para ella después de todo.
Antes de irse, Sergio le dio una palmada en el hombro, un gesto cargado de condescendencia que solo avivó la rabia en su interior.
Aaron sintió cómo la sangre le hervía en las venas, su respiración se agitó y apretó los puños, observándolo alejarse con esa sonrisa burlona que lo sacaba de quicio. Sin pensarlo dos veces, entró y cerró la puerta con un portazo que retumbó en cada rincón.
—¡Kate! —rugió —. ¡Kate!

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