C147-PLAN DE ACCIÓN.
―¡Vete a la mierd@, Cristine! ―espetó Aaron antes de colgar.
No iba a quedarse de brazos cruzados. Si Cristine quería pelea, él se la iba a dar. Pero no con gritos ni rabietas infantiles como las de ella. No. Él iba a jugar con inteligencia, con estrategia. Y cuando terminara, ella se lamentaría de haber siquiera pensado en meterse con Kate.
Por eso, ese mismo día, estaba reunido con Richard Langley, el director de uno de los grupos de medios más influyentes de Londres. Un hombre que no solo tenía poder, sino que también sabía cómo mover los hilos correctos para hacer que una noticia desapareciera de la faz de la tierra.
Richard tomó un sorbo de su whisky y miró a Aaron con interés.
—Sabes que esta clase de "limpieza" no es sencilla. Cristine tiene seguidores fieles y una red bien tejida. Pero… dime, ¿qué tan rápido quieres que esto desaparezca?
Aaron apoyó los codos en la mesa; su expresión era dura y fría.
—Para ayer.
Richard soltó una leve risa.
—Bien. Tendremos que actuar desde varios frentes. Primero, bloqueo total en los principales medios. Tengo contactos en las plataformas digitales que pueden desmonetizar cualquier contenido relacionado con ese escándalo. Sin dinero de por medio, la historia muere sola. Segundo, podemos desacreditar a Cristine con un par de filtraciones bien dirigidas. Nadie confía en una fuente cuando empiezan a salir sus propios trapos sucios.
Aaron asintió, satisfecho.
—Hazlo. Déjale saber a todos que está loca y que se internó en una clínica mental. Y además de eso, quiero que su primo, el dueño de esa revista de m****a, sepa que si vuelve a publicar una palabra sobre Kate, haré que su empresa se hunda. Le cerraré todas las puertas.
Richard sonrió de lado.
—Eso puedo arreglarlo en una llamada.
—Bien, amigo. Démosle a esa mujer una lección que no olvidará.
Aaron sonrió de lado, pero en sus ojos no había rastro de diversión.
Esto era guerra. Y él no pensaba perder.
Mientras tanto, Kate estaba sentada en la cama, con el teléfono en la mano, recorriendo las noticias sobre ella. Cada titular era una puñalada. Cada comentario, un recordatorio cruel de la humillación que Cristine le había causado.
"Vaya cazafortunas, se nota que solo está con él por el dinero."
"¿Y Aaron no se da cuenta de que esa mujer solo quiere su cuenta bancaria?"
"Seguro que ya está planeando cómo dejarlo y quedarse con la mitad."
"No tiene ni clase ni belleza, qué desperdicio de mujer."
Los labios de Kate se apretaron con fuerza. Sentía un nudo en la garganta, pero no iba a llorar.
«No llores, Kate. Eres más que esto. No dejes que esa loca te afecte. Además… Aaron dijo que lo solucionaría.»
Un sonido la sacó de sus pensamientos. Su teléfono vibró con un mensaje.
Era Sergio.
“¿Kate, qué está pasando? Mira esto…”
Abrió la imagen que él le había enviado. Era un screenshot de otra publicación sobre ella. Otro golpe a su dignidad. Cerró los ojos con fuerza y, en lugar de responder, simplemente lo llamó.
La llamada se conectó al segundo tono.
—¿Cómo estás? —La voz de Sergio sonaba preocupada—. ¡Cielos, esa mujer sí que está loca! Lo que vi… no pensé que llegaría tan lejos.

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