C150- EL DESAYUNO DE LA MANIPULACIÓN.
Madison entró con paso seguro al restaurante privado, su vestido entallado y su maquillaje impecable la convertían en el centro de atención, incluso en un lugar lleno de personas influyentes. Cristine ya estaba sentada en una esquina, moviendo nerviosamente una cucharilla en su café. Su cabello estaba desordenado, y sus ojos, enrojecidos por el insomnio, delataban noches de llanto y obsesión.
Madison se acercó con una sonrisa calculada, se sentó frente a Cristine, quien apenas podía mirarla a los ojos.
—Cristine, querida, lamento haberte hecho esperar. ¿Estás bien? Pareces… cansada —dijo con fingida dulzura.
—No he dormido mucho. No dejo de pensar en Aaron… y en ella —respondió Cristine con voz temblorosa y a la vez tensa—. Esa m*****a oportunista.
Madison ocultó su sonrisa de satisfacción. Tomó la mano de Cristine, un gesto que parecía reconfortante, pero que era una herramienta para ganarse su confianza.
—¡Ay, querida! No tienes derecho a sufrir así, sé cuánto amas a Aaron y… —Madison se inclinó un poco—. cuánto él te ama a ti, me consta. Cuando te dejó… no pudo superar su error.
Cristine levantó la mirada.
—¿De verdad?
—¡Por supuesto! No te mentiría, lo vi con mis propios ojos. Él… te extraña. Pero ya ves, esa mujer…
Madison dejó caer la frase en el aire y pudo ver cómo las manos de Cristine se apretaban. Y así, a medida que la conversación avanzaba, Cristine fue considerando a Madison una amiga.
—Él era todo para mí. Todo. Yo lo amaba tanto, pero… no podía soportar la idea de que mirara a otra mujer. Me volví loca. ¡Lo sé! Pero no fue mi culpa, ¿verdad? ¡No fue mi culpa! —exclamó Cristine, sollozando.
—Por supuesto que no, cariño. Aaron fue cruel al dejarte en tu momento más vulnerable. Los hombres nunca entienden lo que nosotras sentimos —susurró Madison con voz suave.
Madison sabía lo que estaba haciendo. Estaba alimentando la inseguridad de Cristine, reforzando su creencia de víctima para que fuera más fácil manipularla. Cristine había sido diagnosticada con un trastorno límite de la personalidad y Madison lo estaba usando a su favor.
Y vaya que estaba dando resultado, se había regocijado esa mañana cuando vio las noticias en la red. No pensó que Cristine actuaría demasiado rápido.
Saliendo de sus pensamientos, bajó la voz, como si estuviera compartiendo un secreto.
—Sé que esto es difícil de escuchar, pero creo que necesitas saberlo. Aaron no ama a Grace, aunque él te diga lo contrario. Su matrimonio es… bueno, una farsa. Él está atrapado —dijo, observando cada reacción de Cristine.

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