C141- ADIÓS LUCRECIA.
El agente puso en marcha un plan. Tras la confesión del mecánico, decidió que era hora de vigilar a Lucrecia. Puso a la policía en alerta y pronto se enteraron de sus movimientos.
Una tarde, Rivas llamó a Lucien y Grace para informarles.
—Estamos vigilandola —dijo con voz seria—. Parece que está intentando encubrir algo, pero necesitamos más pruebas antes de arrestarla.
Mientras tanto, Lucien y Grace se pusieron manos a la obra. Con el futuro matrimonio entre familias... El esposo de Lucrecia había hecho negocios con Alaric y esa antigua alianza daba pie a una red de comunicaciones que se había mantenido en la empresa familiar.
Así que buscaron en correos electrónicos y cuentas bancarias anexadas de Lucrecia. Querían encontrar algo que la incriminara de forma definitiva.
Casi sin esperarlo, Grace encontró algo.
Entre varias líneas de datos, halló un extracto bancario. La transacción mostraba un pago grande, realizado unos días antes del accidente. Con el corazón acelerado, se reunieron con Rivas para entregarle la información.
—Aquí está. Hay un pago de una suma considerable justo antes del accidente. Esto no puede ser una coincidencia —dijo Lucien.
Rivas tomó el documento, lo revisó y asintió lentamente.
—Esto es justo lo que necesitábamos —respondió—. Ahora tenemos un motivo financiero que conecta a Lucrecia con el sabotaje del auto.
Días después, el agente Rivas se presentó en la comisaría. Se sentó frente a Alessia en la pequeña sala de interrogatorios. La luz era tenue y el ambiente se llenó de tensión. Rivas la miró fijamente y se dio cuenta de que ahora estaba lejos de ser la misma chica elegante de las fotos. Sus cabellos estaban desordenados y su ropa, arrugada y manchada, hablaban de noches sin dormir y penas sin consuelo.
—Soy el agente Rivas. Y estoy aquí para ayudarte, Alessia.
Ella lo miró largamente, con los ojos entrecerrados y una desconfianza palpable.
—No sé de qué habla —respondió con voz fría y distante, manteniendo la mirada fija en la mesa, evitando el rostro del agente.
Rivas se acomodó, desplomándose lentamente en la silla. Sabía que detrás de aquella fachada había una historia de dolor y errores. Con calma, comenzó a repasar el caso, dejando que el silencio se hiciera notar entre ambos.
—Alessia, necesito que me cuentes qué pasó en el accidente que tu madre planeó, sin omitir nada. Cuéntame desde el principio.
La cara de Alessia palideció y se removió en su asiento, cruzando los brazos de manera defensiva.
—No tengo nada que decir —refutó, pero había un dejo de nerviosismo en su voz—. ¿De qué accidente habla?
Rivas la observó y cada gesto en su rostro mostraba el peso de sus decisiones. Lentamente, con voz suave pero insistente, continuó.
—Mira, si hablas ahora, todo se acabará. Podrías salir de aquí y volver a tu antigua vida. Tu silencio solo te perjudica. Piensa en ti.
El ambiente se cargó de tensión. Alessia dudó un instante, mientras recordaba el plan de su madre. La idea había sido de ella, alegando que no soportaba ver a su hija en la cárcel por culpa de Grace. En ese momento, Alessia sintió satisfacción, ya que si ella era infeliz, se aseguraría de que Lucien también lo fuera y que esos malditos mocosos también sufrieran. Pero el plan no había salido como esperaban, ambos habían logrado salvarse. Y ella seguía en prisión.
Durante esos segundos, en su mente hizo cálculos: aquella confesión podría servirle para salvarse a sí misma. Y en cuanto a su madre, bueno… ella lo entendería.
—¿Estás diciendo que me ofreces un trato? —preguntó, con voz temblorosa, entre la desconfianza y la desesperación.
Rivas asintió lentamente, mostrando un gesto compasivo, pero al mismo tiempo firme en sus convicciones.
—Exacto. Si hablas, podemos ver la manera de que esto no te destruya por completo. No estás sola en esto, Alessia. Confiesa todo y saldrás del problema.
Las palabras del inspector hicieron que Alessia se quedara en silencio. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, obviamente fingiendo, y con la voz quebrada y llena de pesar, finalmente habló.
—Está bien... Mi madre me ordenó que guardara silencio. Ella quería que nadie supiera lo que había hecho. Mi madre planeó todo para que Grace tuviera ese accidente y dejara de entrometerse en nuestras vidas. Yo... yo… nunca imaginé que llegaría tan lejos.
Rivas sostuvo su mirada y dejó que el silencio hablara entre ambos. Mientras el bolígrafo en su mano grababa toda la conversación. Esa confesión no solo confirmaba la participación de Lucrecia, sino que era la clave que desmoronaba todo el entramado del caso. Ahora ya no había escapatoria.
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