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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 138

C138- ¿PUEDO CONTESTAR?

Después de la fiesta, los preparativos de la boda comenzaron. Grace estaba tan emocionada que apenas podía dormir. Se pasaba las noches haciendo listas mentales y las mañanas revisando que todo estuviera en orden. Pero si ella estaba emocionada, los trillizos estaban en otro nivel.

Emma, Olivia y James corrían por la casa como pequeños tornados de entusiasmo, ideando todo tipo de planes para su gran participación en la boda. Grace, que ya conocía bien las ocurrencias de sus hijos, decidió sentarlos en el sofá para explicarles con calma sus responsabilidades.

—A ver, pequeños terremotos —dijo, mirándolos con paciencia—. En la boda, pueden llevar los anillos o las flores. Eso es muy importante.

Los trillizos se miraron entre ellos, claramente no impresionados. James fue el primero en levantar la mano, como si estuvieran en clase.

—Yo quiero ser el que diga "pueden besarse" al final —soltó con una seriedad absoluta.

Grace parpadeó.

—Bueno... eso normalmente lo dice el sacerdote…

—Pero si me aprendo las palabras, ¿puedo hacerlo? ¡Prometo decirlo bien fuerte, mami! —insistió James, haciendo un puchero.

Y antes de que Grace pudiera responder, Emma, que parecía estar esperando su turno con impaciencia, levantó la mano y anunció su idea con una sonrisa radiante:

—¡Yo quiero entrar montada en Duque con el anillo!

Lucien, que estaba leyendo el periódico, giró la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—Sí, papi. Yo llevaré el anillo, pero lo hago montada en Duque. ¡Sería genial!

Duque, el enorme gran danés, estaba en su rincón, ajeno a la conversación, babeando sobre su juguete favorito.

Grace se masajeó las sienes.

—Emma, mi amor… no podemos meter a Duque en la iglesia.

—¿Por qué no? ¡Es familia!

—Porque no es… exactamente un perro pequeño y bien portado —dijo Grace, recordando el episodio de la fiesta.

—¡Será una boda aburrida! —se quejó Emma haciendo un puchero de desagrado.

Olivia, que había estado en silencio, cruzó los brazos con expresión pensativa y luego chasqueó los dedos.

—¡Ya sé! ¿Por qué no hacemos una obra de teatro sobre cómo se enamoraron? ¡Yo puedo ser papá!

Lucien casi se atragantó con su café.

—¿Perdón?

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