C137-MOMENTO DE FELICIDAD.
Lucien no dijo nada más. Se apartó y se dirigió a sus hijos, hablándoles al oído mientras Grace los observaba, preocupada de que estuvieran planeando otra travesura. Sin embargo, los chiquillos asintieron y se fueron, para volver poco tiempo después.
Grace se sentía cada vez más curiosa.
—Lucien, ¿qué les dijiste? ¿No estarán pensando en hacer otra travesura, verdad?
Él solo le sonrió y se acercó a ella antes de voltear su mirada hacia todos los invitados.
—Si me permiten un momento... —dijo, atrayendo la atención de todos—. Quisiera que ustedes fueran testigos de esto.
Los trillizos, que habían estado demasiado ocupados discutiendo, de repente recordaron su misión secreta. Se miraron entre ellos y, conteniendo la risa, sacaron tres tarjetas que habían escondido debajo de la mesa. Cada uno sostenía una, pero, como era de esperarse, el caos no tardó en aparecer.
—¡Yo primero! —exclamó Emma, levantando su tarjeta que decía "Mamá".
—¡No, yo primero! —gritó James, levantando la suya, que decía "Cásate".
Olivia, que sostenía "Con papá", se levantó tan rápido que tropezó con su silla y la tarjeta cayó al suelo.
—¡Espera, espera! ¡Se me cayó! —dijo mientras se agachaba para recogerla.
Grace los miró atónita mientras ellos recogían la tarjeta e intentaban organizarse de nuevo. Finalmente, consiguieron colocarse en el orden correcto, aunque uno de ellos sostenía su tarjeta al revés. Alexander, divertido, no pudo evitar soltar una carcajada.
—¡Por todos los cielos! Esto es mejor que cualquier espectáculo de la ópera —comentó mientras daba un sorbo a su vino.
Cuando los trillizos finalmente se alinearon, mostraron las tarjetas a su madre: "Mamá", "Cásate", "Con papá".
Grace estaba sin palabras, sus ojos buscaron a Lucien, quien la miraba como si ella fuera su todo.
—¿Qué... qué es esto? —preguntó con la voz temblorosa.
Lucien no respondió. En cambio, se arrodilló frente a ella y, con las manos temblorosas pero una mirada decidida, sacó una pequeña caja de terciopelo negro, y dentro, un anillo brillaba bajo la luz cálida de las lámparas. La conversación en el salón se detuvo de inmediato. Incluso Emma, Olivia y James, que rara vez lograban quedarse callados más de un minuto, guardaron silencio, con los ojos muy abiertos y llenos de expectación.

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