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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 135

C135- RECLAMAR LO QUE ES MÍO.

Alexander sonrió con cortesía y presentó al hombre.

—Grace, quiero presentarte a Dominico Montclair —dijo, con ese tono solemne que usaba para los negocios—. Es un socio importante en nuestras empresas.

Dominico inclinó la cabeza en una reverencia elegante, con una sonrisa encantadora que parecía hecha a medida para desarmar a cualquiera. Además, vestía un traje impecable, y su porte irradiaba confianza.

—Es un placer conocerte, Lady Grace —dijo, tomando suavemente la mano de ella para besarla. Su tono era cálido, pero había un brillo en sus ojos que lo hacía parecer más que un simple saludo formal.

Grace sonrió, aunque algo incómoda.

—El placer es mío, señor Montclair.

—Oh, no… no me llames Dominico. Además, ¿me concederías este baile, Lady Grace? —preguntó, extendiendo su mano.

Grace dudó un momento. Miró a su padre, quien asintió con aprobación, y luego al hombre frente a ella. No quería parecer descortés, así que, a pesar de la incomodidad que sentía, aceptó.

—Claro, será un honor —respondió, tomando su mano.

La música comenzó a sonar, y Dominico guió a Grace hacia el centro de la pista. Su mano se posó con firmeza en la cintura de ella, mientras la otra sostenía su mano con una seguridad que hizo que Grace se sintiera un poco tensa. Intentó mantener la compostura, pero no podía ignorar la proximidad del hombre.

Desde una esquina, Lucien observaba la escena con los brazos cruzados, su mandíbula apretada y una expresión que podría derretir acero. Cuando vio cómo Montclair la sostenía un poco más cerca de lo necesario, no pudo evitar murmurar para sí mismo:

—¿Qué es esto? ¿Un baile o una audición para un drama romántico?

No podía quedarse ahí parado viendo cómo ese hombre se acercaba más de lo necesario a Grace. Así que, con una sonrisa que no tenía nada de sincera, se giró hacia una joven que estaba cerca de él. Era bonita, con un vestido rojo que llamaba la atención, y parecía más que dispuesta a aceptar cualquier invitación.

—¿Quieres bailar? —le dijo, con una sonrisa despreocupada.

La joven asintió de inmediato, claramente emocionada, y Lucien la llevó a la pista… justo al lado de Grace y Montclair. Mientras giraba con su nueva compañera, mantenía una sonrisa tranquila, pero sus ojos estaban fijos en Grace. No podía evitar notar cómo Montclair se inclinaba hacia ella, hablándole en un tono que Lucien no podía escuchar, pero que claramente no le gustaba.

—Eres aún más hermosa de lo que imaginaba —le dijo Montclair a Grace, con una sonrisa que parecía ensayada.

Ella intentó mantener la compostura.

—Gracias, señor Montclair. Es… muy amable de su parte —respondió, con una sonrisa tensa.

—No es amabilidad, es la verdad —insistió él, mirándola con intensidad—. Esta noche, nadie puede apartar la vista de ti. Estoy seguro de que todos aquí sienten lo mismo.

Grace soltó una pequeña risa nerviosa, desviando la mirada. No quería ser grosera, pero la cercanía de ese hombre la hacía sentirse incómoda.

Mientras tanto, Lucien giraba con su pareja, pero su atención estaba completamente en Grace. La joven con la que bailaba parecía más que encantada, riendo y coqueteando con él.

—Bailas muy bien —le dijo ella, con una sonrisa radiante.

Lucien asintió, sin siquiera mirarla.

—Gracias.

Cuando volvió a mirar a Grace, sus ojos se encontraron por un instante. Ella lo observaba de reojo, y al notar la sonrisa de la mujer con la que él bailaba, alzó una ceja, claramente molesta. Lucien sintió una pequeña satisfacción al ver su reacción, pero también un poco de culpa. No quería molestarla, pero no podía evitarlo. Ese hombre seguía demasiado cerca.

—Espero que esta no sea la última vez que coincidamos, Lady Grace —dijo Montclair, inclinándose un poco más hacia ella.

Grace intentó mantener la calma.

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