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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 134

C134- ¿QUIÉN DEMONIOS ES ESTE?

Grace estaba sentada en el salón, con las manos alrededor de una taza de té caliente. Alexander, su padre, estaba a su lado, observando con una mezcla de ternura y orgullo cómo los trillizos corrían por el jardín con su gran danés llamado “Duque”. El perro, enorme pero de mirada dulce, perseguía a los niños, que gritaban y reían, llamándolo con entusiasmo. El animal se movía con una energía que parecía contagiosa, y por un momento, todo parecía perfecto.

—Papá, ¿crees que es realmente necesaria una fiesta? —preguntó Grace, mirando a su padre con curiosidad mientras dejaba su taza sobre la mesa.

Alexander dejó su propia taza con elegancia, como siempre hacía, y la miró con esos ojos que parecían saberlo todo.

—Querida, es algo que ya he planeado. Como mi hija, es mi deber presentarte ante la sociedad. Es importante.

Grace contuvo una risita, tratando de no sonar irrespetuosa.

—Pero... no estamos en 1800, papá. No creo que sea algo necesario.

Alexander se echó a reír, un sonido cálido y profundo que llenó la habitación.

—Entiendo tu punto, hija. Pero esto no es solo por protocolo. Quiero que todos vean lo orgulloso que estoy de ti. Eres mi hija, y quiero que el mundo lo sepa.

Grace sintió que algo se le apretaba en el pecho. No era solo la emoción de escuchar a su padre hablar así, sino también la sensación de que, a pesar de todo, él siempre estaba ahí, protegiéndola, cuidándola. Bajó la mirada por un momento, tratando de disimular lo que sentía, pero no pudo evitar sonreír.

—Si tú lo quieres, papá, entonces estoy feliz de estar en la fiesta —dijo finalmente, levantando la vista para encontrarse con la de él—. Solo... no quiero que sea algo demasiado grande, ¿de acuerdo?

Alexander le sonrió, y en ese momento, parecía que todo estaría bien.

—No te preocupes, querida. Habrá mucha seguridad. No permitiré que nada te pase.

Grace asintió, pero notó cómo sus manos se tensaban alrededor de la taza. Las palabras de su padre la llevaron de vuelta a ese día, al accidente del auto, a la sensación de que alguien estaba ahí, observándola, esperando. Tomó un sorbo de té, tratando de calmarse, pero el sabor le pareció amargo de repente.

Las risas de los niños en el jardín llegaron hasta el salón, rompiendo el silencio que se había formado. Grace miró hacia afuera, viendo cómo los trillizos jugaban sin preocupaciones, y por un momento, deseó poder ser como ellos, libre de todo miedo. Pero sabía que no podía. No todavía.

Alexander la observó en silencio, como si entendiera lo que pasaba por su mente. No dijo nada, pero su presencia era suficiente para recordarle que no estaba sola.

Esa noche, la fiesta en la casa ducal Blackwell estaba en su punto más alto. El salón principal brillaba con la luz de las lámparas de cristal, y el sonido de las risas y las copas chocando llenaba el aire. Invitados de la alta sociedad de Londres se habían reunido en honor a Grace, la hija del duque Alexander Blackwell. Y todos parecían disfrutar de la velada, pero detrás de la elegancia y el lujo, la seguridad era evidente. Guardias discretos pero atentos estaban distribuidos por toda la mansión, y Alexander se había asegurado personalmente de que nadie ajeno pudiera entrar y poner en peligro a su hija.

En el piso de arriba, Grace salió de su habitación y contuvo la respiración. Su nana la observó con ojos llenos de orgullo.

—Estás deslumbrante, mi niña —dijo, ajustando un pliegue de su vestido.

Grace sonrió y le besó la mejilla.

—Gracias, nana. Pero... estoy nerviosa.

—Solo sé tú, mi amor. Estoy segura de que los conquistarás a todos —respondió la nana, dándole un suave apretón en la mano.

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