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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 133

C133- ALGUIEN QUIERE QUE MUERA.

El hospital. Lucien y Grace estaban en una habitación privada, él recostado en la cama con un vendaje en la sien y ella sentada a su lado, con moretones en los brazos y una mirada perdida. La tensión en el aire era palpable, pero se volvió aún más densa cuando la puerta se abrió de golpe.

Alexander entró primero, su rostro, usualmente sereno, ahora estaba marcado por la preocupación. Detrás de él, Alaric avanzó con paso firme, con su habitual expresión fría y calculadora. Ambos hombres se detuvieron al ver a Grace y Lucien, pero sus reacciones no pudieron ser más diferentes.

—Grace, hija mía —dijo Alexander, acercándose; su tono fue paternal y suave—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? —Le tomó la cara entre sus manos, revisándola con ojos ansiosos.

Grace asintió, aunque su voz tembló al responder.

—Estamos bien, papá. Fue… fue un accidente.

Alaric, sin embargo, no perdió tiempo en dirigirse a Lucien. Se acercó a la cama y lo miró con una mezcla de preocupación y severidad.

—¿Cómo estás, muchacho? —preguntó, su voz áspera pero no del todo carente de afecto.

—Bien, abuelo —respondió Lucien, aunque su tono era tenso—. Solo un rasguño.

Alaric asintió, pero su atención no duró mucho en Lucien. Se giró hacia Grace, y su expresión se endureció.

—¿Y tú? ¿Qué demonios estabas haciendo al volante? ¿No sabes conducir? —su voz era fría, cortante, como un cuchillo.

Grace parpadeó, sorprendida por el ataque directo.

—No fue mi culpa —dijo, defendiéndose de inmediato—. Los frenos fallaron.

Alaric no pareció impresionado. Se volvió hacia Alexander, su mirada llena de reproche.

—¿Le diste un auto a una loca irresponsable como ella? ¿En qué estabas pensando, Alexander?

Él abrió la boca para responder, pero Grace se le adelantó. Se levantó de la silla, con los ojos brillantes de furia.

—¡No me llames irresponsable! —gritó, señalándolo con un dedo tembloroso—. No tienes idea de lo que pasó. ¡No fue mi culpa, ¿entiendes?! ¡Los frenos no funcionaron!

Alaric la miró con desdén, pero antes de que pudiera responder, Lucien intervino. Se incorporó en la cama, con una expresión dura en su rostro.

—Grace tiene razón —dijo, mirando directamente a su abuelo—. Cuando intentó frenar, el auto no respondió. No se trata de que ella sea irresponsable, abuelo. Se trata de que alguien intentó matarla.

La habitación quedó en silencio.

Alexander y Alaric se miraron, sus rostros reflejando una mezcla de incredulidad y preocupación. Grace tragó saliva, sintiendo cómo el peso de las palabras de Lucien caía sobre ella. No había querido decirlo, pero era la verdad. Alguien había manipulado el auto. Alguien había querido que muriera.

Alexander fue el primero en romper el silencio.

—¿Estás diciendo que esto… fue intencional?

Lucien asintió lentamente.

—Sí. Alguien saboteó el auto.

Alaric frunció el ceño, pero esta vez no dijo nada. Su mirada se volvió más pensativa, menos acusadora. Grace se sentó de nuevo, sintiendo cómo el miedo se apoderaba de ella.

—Pero… ¿quién haría algo así? —preguntó, su voz quebrada.

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