C130-NO VOLVERÉ A PERDERTE.
—Grace… puedo explicarlo… Solo… por favor, escucha lo que tengo que decir antes de sacar conclusiones.
Grace cruzó los brazos, intentando mantener la calma mientras su corazón latía con fuerza.
—Estoy escuchando, Lucien —respondió, su voz más fría de lo que había planeado—. ¿Con quién estabas?
Él respiró hondo, como quien se prepara para saltar al vacío. Sabía que no había forma de suavizar lo que estaba a punto de decir, así que optó por la verdad.
—Estaba con Adeline.
El nombre cayó como una piedra entre ellos.
Grace sintió que el aire abandonaba sus pulmones por un instante, y su rostro se tensó. Sus manos, relajadas hasta entonces, se cerraron en puños a los costados.
Adeline.
No necesitaba preguntar quién era; sabía perfectamente que era la mujer con la que Lucien había estado comprometido antes de que ella apareciera en su vida. La mujer que él había amado tanto como para criar a su hija como si fuera suya.
Un torbellino de emociones la atravesó: sorpresa, inseguridad, celos… Pero también algo más profundo, una voz interna que le suplicaba que no actuara desde esos sentimientos, que debía escuchar antes de juzgar.
—Lucien, quiero que sepas que… no estoy enojada, bueno, sí. Un poco, pero… pero necesito entender. ¿Por qué estabas con ella? —dijo con un tono tranquilo, aunque su pecho estaba apretado—. ¿Qué era tan importante como para no decírmelo?
Lucien tomó aire, buscando los ojos de Grace para transmitirle sinceridad.
—Grace, no te lo dije porque no quería preocuparte. Adeline… —hizo una pausa, como si cada palabra pesara toneladas—. Ella fue una parte de mi pasado, uno que nunca cerré correctamente. Siempre hubo algo pendiente, y sentí que debía disculparme con ella. Porque antes de dar cualquier paso hacia nuestro futuro, quería asegurarme de que no quedara nada que pudiera interponerse entre nosotros.
Dio un paso hacia ella y, con cuidado, acunó su rostro entre sus manos.
—Grace, no volveré a perderte, nunca. Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma. No existe una mujer más que tú para mí.
Ella lo miró por un momento, evaluando cada palabra, cada gesto. Sus dedos temblaron ligeramente al elevarse hacia su rostro y tocar su mano en su mejilla. Sonrió, pero aún necesitaba oírlo.
—¿Lo juras?
Lucien no dudó. Sus ojos brillaban con honestidad mientras respondía:
—Por mi vida, Grace… Te amo, te amo con toda mi alma.
El pecho de Grace se llenó de una emoción cálida y abrumadora. Los celos, las dudas, todo empezó a desvanecerse. Se inclinó hacia él y lo besó, suave al principio, pero con la fuerza de quien elige confiar.

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