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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 13

CAPITULO 13- HIRIENDO PEQUEÑOS CORAZONES.

Emma y Olivia bajaron las escaleras tomadas de la mano. Cuando llegaron al salón principal, se detuvieron al escuchar la voz de Alessia. Estaba de espaldas, hablando por teléfono, y su tono despreocupado y burlón llenaba el aire.

—Sí, estoy aquí, en la mansión de Lucien —dijo, con una risa fría—. ¿Te imaginas? Rodeada de estos huérfanos molestos.

Emma apretó la mano de Olivia con fuerza, sintiendo la indignación subirle como fuego por el pecho. Alessia continuaba, ajena a su presencia.

—La molestia enferma sigue igual —añadió con desdén—. La verdad, no sé cómo Lucien lo soporta. Es una carga inútil... pobre de mí si tuviera que cuidar algo así. Por suerte, cuando me case con él, ese asunto seguirá siendo solo problema suyo.

Olivia ahogó un pequeño sollozo, llevándose una mano a los labios. Pero los ojos de Emma se llenaron de lágrimas y su expresión era de puro enojo. Las palabras de Alessia eran como cuchillos, hiriendo profundamente sus pequeños corazones.

De repente, Alessia se giró y se quedó congelada al ver a las dos niñas detrás de ella.

Su rostro palideció por completo.

Emma la miraba con furia, los puños apretados a los costados, mientras Olivia escondía su rostro contra el hombro de su hermana.

—Tengo que colgar, hablamos después —dijo rápidamente a la persona del otro lado. Guardó el teléfono y les dirigió una sonrisa fingida.

—¡Oh, hola, pequeñas! —exclamó, acercándose a ellas—. ¿Cómo están mis niñas favoritas?

Emma no respondió, pero no apartó la mirada de Alessia, su ceño fruncido más pronunciado con cada palabra que decía la mujer.

—Traje unos regalos para ustedes —continuó Alessia, intentando suavizar la situación. Caminó hacia las bolsas que había dejado en el sofá y las levantó con gesto triunfal—. ¡Son de diseñador! Estoy segura de que les encantarán.

Se las tendió, pero cuando Olivia extendió tímidamente la mano para tomar una de las bolsas, Emma la detuvo y las apartó con un brusco empujón.

—¡No queremos tus cosas! —gritó, sus pequeños ojos llenos de lágrimas de rabia y dolor—. Eres mala. ¡Dices cosas horribles de James y de nosotras!

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