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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 128

C128- ANILLO DE COMPROMISO.

Al día siguiente, Lucien y Grace decidieron quedarse un día más en Grecia. Había algo en el ambiente cálido de aquel país que los invitaba a relajarse, a olvidar por un momento sus responsabilidades en Londres.

Así que pasearon por la Acrópolis, admiraron la majestuosidad del Partenón, se perdieron entre las calles pintorescas de Plaka y disfrutaron del atardecer en Cabo Sunión, donde el templo de Poseidón se alzaba imponente sobre el mar Egeo.

Por la tarde, se reunieron con el presidente de Olympus en un restaurante frente al puerto de El Pireo. Fue una conversación breve, pero necesaria, para ultimar detalles antes de regresar a Londres. Mientras discutían, Lucien revisaba las notificaciones de su teléfono. Había recibido varias videollamadas de los trillizos durante el día.

Emma, Olivia y James no dejaban de repetir cuánto los extrañaban, y sus caritas alegres se asomaban en la pantalla diciendo: “¡Papi, vuelve pronto!

Grace sonrió al ver los mensajes; sus hijos siempre sabían cómo llegarle al corazón.

Después de la cena en el invernadero, algo entre ellos cambió. La conexión que habían sentido durante ese viaje se hizo más profunda, y aunque Grace seguía sin darle una respuesta definitiva. Lucien, fiel a su promesa de no presionarla, se mostró paciente, pero en su mente ya comenzaba a idear un plan con la ayuda de sus aliados más fieles: sus hijos.

De vuelta en casa, los cuatro estaban en la sala, rodeados de fotos, tijeras y cintas de colores. Lucien había propuesto hacer un álbum de recuerdos para Grace, algo que mostrara cuánto significaba para ellos. James, siempre directo, lo miró con sus grandes ojos curiosos y preguntó:

—¿Crees que esto hará que mamá te diga que sí?

—No lo sé, hijo —respondió Lucien, sonriendo—. Pero hay que seguir conquistando a mamá.

Olivia, con sus rizos rubios cayendo sobre los ojos, dejó caer una flor de papel que estaba dibujando y lo miró con seriedad.

—Tienes que darle flores, papi. Eso hacen los príncipes.

Lucien no pudo evitar sonreír al recordar el episodio del invernadero. Miró a Olivia y le acarició la cabeza.

—Ya le di flores a mamá, cariño.

—Entonces joyas —interrumpió Emma, cruzando los brazos con una expresión muy segura—. En las telenovelas de la señora Hargrove, los chicos siempre les dan joyas a sus prometidas.

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