C127- PLACER Y DESEO.
―¡Ah! ¡Me haces sentir tan bien! ―gritaba Grace, sus ojos cerrados y su rostro una máscara de éxtasis.
Lucien, sintiendo su propio orgasmo acercándose, aumentó la velocidad de sus embestidas. Su respiración se volvió entrecortada, y sus músculos se tensaron al límite.
―¡Abre los ojos, mi amor! ¡Quiero que lleguemos juntos! ― exclamó el, con voz rasposa y llena de deseo.
Grace, sintiendo la inminencia de su propio clímax, se aferró a él, sus piernas envolviendo su cintura, impulsándolo aún más profundo dentro de ella.
―¡Sí, sí, ahora, estoy cerca Lucien! ―gritó, su cuerpo temblando al borde del abismo.
En ese momento, ambos se dejaron llevar por una ola de placer. Lucien se vació dentro de ella, llenándola con su esencia, mientras Grace se contraía a su alrededor, abrazando su miembro con su coño palpitante. Sus cuerpos se sacudieron en una danza de éxtasis, gimiendo y gritando en una armonía perfecta.
Después de lo que pareció una eternidad, sus cuerpos aún estaban entrelazados, cubiertos de sudor y respirando agitadamente. Lucien, con una sonrisa satisfecha, besó suavemente la frente de Grace.
―Eres increíble, mi amor ―susurró. ―Te juro que nunca he sentido algo así… con nadie… solo contigo.
Grace, aún temblorosa, sonrió y lo abrazó con fuerza.
―¿Hablas en serio? ¿O solo lo dices por conquistarme?
El bajo la nariz a su cuello y aspiro su suave aroma.
―Podría jurarlo con mi vida, Grace…. Que desde que te conocí, no he podido desear nadie más. Tu… ―el la miró a lo ojos de nuevo ―Eres la madre de mis hijos, pero también… eres mi chica perfecta. Me satisfaces en todos los sentidos, no necesito nada más que a ti… solo a ti, mi dulce Grace.
Ante su respuesta, ella tuvo un pensamiento travieso, una idea que la llenó de un deseo renovado.
―Te quiero dentro de mí, otra vez ―susurró mientras le daba un beso rápido, sus ojos brillando con una luz traviesa.
Lucien, con una sonrisa pícara, se deslizó fuera de su cuerpo, dejando una sensación de vacío que ella ansiaba llenar. Se incorporó y, con un movimiento rápido, la volteó, colocándola de espaldas a él.
―Tus deseos son ordenes, mi amor. Pero… ¿Estás lista para más, mi hermosa Grace? ―preguntó, su voz ronca y llena de promesa.
Grace, excitada por la idea de ser tomada de nuevo, asintió con una sonrisa juguetona.
―Quiero que cumplas lo que prometiste, Lucien ―le dijo seductora ―Quiero poder sentirte hasta mañana.
Lucien, con una habilidad innata, la penetró nuevamente, esta vez desde atrás, llenándola con su miembro endurecido. Grace se sentía eléctrica, cada caricia de Lucien la hacía estremecer. Sus manos recorrían su cuerpo, acariciando su suave piel, bajando por su cuello hasta llegar a sus pechos firmes.
―¡Ah! ¡Lucien, así, sí! ―exclamó, mientras arqueaba su trasero y él la embestía con fuerza, sus manos agarrando sus caderas con firmeza.

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