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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 126

C126- CAJA DE SORPRESAS.

La cena transcurrió entre risas, miradas cargadas de una tensión que ninguno se atrevía a romper del todo, y conversaciones que fluían con una naturalidad casi mágica. Lucien llenó las copas de vino una última vez antes de levantarse de la mesa y extenderle la mano a Grace.

—Ven, quiero mostrarte algo más.

Grace tomó su mano, sintiendo el calor de sus dedos envolver los suyos. Él la guió con paso lento por el invernadero, y ella no pudo evitar detenerse a admirar las flores que la rodeaban. Sus dedos rozaron suavemente los pétalos de una orquídea blanca.

—Es increíble… ¿Cómo lograste organizar todo esto? —preguntó, su mirada llena de asombro mientras giraba.

Lucien ladeó la cabeza, con esa mezcla de diversión y arrogancia que parecía tan natural en él.

—Tengo amigos en Grecia. Les gusta deberme favores. —La forma en que lo dijo, con un tono casual pero cargado de misterio, hizo que Grace soltara una pequeña risa.

—Eres una caja de sorpresas, Lucien.

Él se detuvo de repente, girándose hacia ella. Y sus ojos azules la atraparon, y en un movimiento suave, llevó una mano a su rostro, acariciando su mejilla con el pulgar. Su mirada bajó lentamente hacia sus labios antes de volver a sus ojos.

—Y apenas estás empezando a descubrir lo que hay dentro —murmuró antes de inclinarse y besarla.

El beso fue lento, intenso, como si con él quisiera dejar claro que no había prisa, que tenía todo el tiempo del mundo para explorar cada rincón de ella. Grace sintió cómo su respiración se aceleraba y cómo todo a su alrededor parecía desvanecerse excepto él.

Cuando se separaron, le sonrió, y ella notó el leve brillo de triunfo en sus ojos. Con su mano aún entrelazada con la de él, continuaron caminando hasta que llegaron a un rincón del invernadero que parecía sacado de un sueño.

Había una cama grande, con un dosel cubierto por luces doradas que brillaban suavemente, como estrellas atrapadas en un telar. Cojines de diferentes tamaños y colores adornaban la cama, y sobre el suelo había una alfombra de pétalos de flores. Sobre ellos, el cristal del invernadero revelaba un cielo despejado, lleno de estrellas, como si el universo entero estuviera allí solo para ellos.

Grace se quedó inmóvil, con la boca ligeramente abierta y los ojos llenos de sorpresa.

—¿Cómo lograste esto, Lucien? —preguntó, girándose sin poder ocultar el asombro.

Lucien no respondió de inmediato.

Dio un paso hacia ella, acortando la distancia entre ambos. Su mano se alzó para acunar su rostro, sus dedos trazando un camino delicado desde su mejilla hasta el borde de su mandíbula.

—Te dije que haría esta noche especial, Grace —susurró, su voz baja hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo—. Y me aseguré de que lo fuera… en todos los sentidos.

Ella sintió cómo el aire se le atascaba en la garganta.

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