C125- AMARLO MÁS.
Lucien ajustaba suavemente la venda que cubría los ojos de Grace. Ella no podía evitar sentirse ansiosa y curiosa, pero también divertida por la situación.
—¿Falta mucho? —preguntó con una sonrisa juguetona, intentando no tropezar mientras él la guiaba.
Lucien se inclinó hacia su oído, su aliento cálido rozando su piel como una caricia invisible.
—Ya casi llegamos —susurró.
Grace rió entre dientes, intentando adivinar qué era lo que él había planeado, pero no podía imaginarlo. Finalmente, él detuvo sus pasos y colocó sus manos con suavidad sobre los hombros de ella, como si fuera la cosa más preciosa que hubiera tocado jamás.
—¿Lista?
Grace asintió, mordiendo su labio inferior con una mezcla de nervios y emoción. Lucien retiró la venda con cuidado, permitiéndole abrir los ojos. Y lo que vio la dejó sin palabras.
—Dios... es... es hermoso, Lucien —murmuró.
Frente a ella había un invernadero lleno de vida. Las paredes de cristal reflejaban la luz de las pequeñas guirnaldas que colgaban en lo alto, iluminando el lugar con un resplandor cálido y mágico. Flores de todos los colores cubrían cada rincón: rosas, jazmines, orquídeas y lirios. Los pétalos parecían brillar bajo la luz tenue, y el aroma era embriagador, una mezcla dulce y fresca que parecía envolverlos por completo.
Y en el centro del invernadero, había una mesa para dos dispuesta con elegancia. Grace se giró hacia Lucien, con una sonrisa radiante que iluminaba su rostro.
—Wow, esto es... demasiado... me encanta —dijo, riendo suavemente mientras miraba a su alrededor, aún maravillada.
Lucien dio un paso hacia ella, tomando su mano con ternura y llevándola a sus labios para besarla suavemente. Sus ojos, intensos y llenos de emoción, no se apartaban de ella, como si en ese momento no existiera nada más en el mundo que ella.
—Quería sorprenderte —dijo—. Sé que te gustan las flores, siempre pasabas mucho tiempo en el jardín.
Grace lo miró con asombro, sintiendo cómo su corazón se llenaba de alegría. Saber que Lucien había notado ese pequeño detalle sobre ella, algo tan suyo, la conmovió profundamente.
—¿Te diste cuenta de eso?
Lucien asintió, acariciando con su pulgar el dorso de su mano, como si quisiera memorizar cada línea de su piel.
—Siempre me doy cuenta de todo lo que te hace feliz, Grace.
Ella se mordió el labio, sonriendo con coquetería, mientras lo miraba con una mezcla de admiración y ternura.
—¿Y qué más sabes sobre mí, señor Stanton? —preguntó Grace, arqueando una ceja. Su tono era coqueto, y su sonrisa se mantenía fija en él, desafiándolo a responder.
Él inclinó ligeramente la cabeza y llevó nuevamente su mano a los labios.
—Sé que te gusta el vino tinto, pero prefieres que no sea demasiado seco. Sé que amas el sonido de la lluvia, pero solo cuando estás dentro, con una manta y un libro en las manos. Y sé que cuando sonríes de esa manera, como ahora, es porque estás tramando algo.
Grace soltó una pequeña risa, claramente disfrutando de la atención.
—¿Ah, sí? —respondió, mientras lo miraba con ojos brillantes—. ¿Y qué crees que estoy tramando ahora?
Lucien se inclinó hacia adelante, acortando la distancia entre ellos hasta que apenas quedaba un suspiro de espacio.

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