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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 120

C120-BIENVENIDOS A GRECIA.

El avión aterrizó suavemente en el Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos de Atenas. La escalinata se desplegó, y Lucien Stanton se ajustó las gafas de sol oscuras con un gesto natural. Aquel día no llevaba sus típicos trajes ejecutivos de diseñador, sino un atuendo que irradiaba poder sin esfuerzo: una camisa blanca perfectamente ajustada que dejaba entrever la línea de su torso, jeans oscuros que parecían hechos a medida y mocasines italianos de cuero impecable.

Informal, pero indiscutiblemente caro.

Su reloj de lujo brillaba al sol, recordando a cualquiera que lo mirara que no era un hombre común. Se giró hacia Grace, extendiendo una mano con la misma elegancia que lo caracterizaba. Ella lo miró, intentando no dejarse intimidar por su presencia arrolladora, y sonrió antes de tomar su mano.

—Qué eficiente, señor Stanton… —murmuró, con una pizca de provocación.

Lucien dejó escapar una risa baja y seductora.

—El señor Stanton, ¿eh? Me gusta cómo suena. Aunque admito que prefiero “esposo”. —El brillo en sus ojos dejaba claro que disfrutaba del juego entre ellos, y Grace, por un segundo, se sintió atrapada en su encanto.

Ella sonrió para sí misma, sin soltar su mano, mientras ambos bajaban por la escalinata.

Al llegar a la sede principal de Olympus, quedaron impresionados. La imponente construcción moderna, inspirada en el Partenón, parecía un tributo a la antigua Grecia con un toque contemporáneo. Columnas de mármol pulido se alzaban hacia el cielo, y el contraste con los cristales que reflejaban el sol era hipnotizante. Grace y Lucien se detuvieron frente a la entrada, tomándose un momento para admirar la obra maestra.

—Viendo este lugar, diría que tenemos un verdadero reto por delante —comentó Grace, aún maravillada por el edificio.

—Y lo superaremos —respondió Lucien con convicción, antes de abrirle la puerta.

Dentro, fueron conducidos a la oficina del presidente, un espacio amplio con paredes cubiertas de arte griego y una vista panorámica de la ciudad. Nikos Demetriou, un hombre de cabello oscuro y mirada aguda, los esperaba detrás de un escritorio de madera que parecía tan sólido como su presencia.

—Señor Stanton, señorita Blackwell, bienvenidos a Olympus —dijo, con cortesía, aunque su tono tenía un matiz de duda. No era un hombre fácil de impresionar, y eso era evidente en la forma en que los evaluaba.

Tras los saludos de rigor, Nikos fue directo al punto.

—He oído hablar mucho de su empresa, pero también he recibido informes de mi emisario que me hacen dudar de si están a la altura de esta colaboración.

Grace y Lucien intercambiaron una mirada. No podían permitirse perder esta oportunidad, no después de todo lo que habían trabajado.

—Entendemos sus reservas, señor Demetriou, y nos disculpamos si hubo algún malentendido —respondió Lucien con seriedad, su tono firme pero diplomático—. Pero le aseguro que somos la empresa indicada y eso podrá verlo en la reunión. Demostraremos por qué somos la mejor opción para Olympus.

—No basta con palabras, señor Stanton. Espero hechos.

—Y eso es exactamente lo que tendrá, señor Demetriou —agregó Grace con determinación, su mirada reflejando la misma seguridad que Lucien.

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