C118 - EL CIELO DE LOS STANTON.
El jardín de la casa Stanton parecía sacado de un cuento de hadas. Las luces colgantes parpadeaban suavemente entre los árboles, mientras las linternas proyectaban un resplandor cálido alrededor de la tienda de campaña. Una fogata chisporroteaba en el centro, llenando el aire con el reconfortante aroma de madera quemada. En el césped, varias mantas y almohadas prometían comodidad, invitando a relajarse bajo el cielo estrellado.
Los trillizos correteaban emocionados alrededor del telescopio que Lucien ajustaba con paciencia. Desde un rincón, Grace los observaba con una manta sobre sus hombros. Era imposible no sonreír ante la energía contagiosa de los niños.
—¡Papi, papi! —gritó James, dando pequeños saltos—. ¿Ya podemos ver las estrellas? ¿O todavía están escondidas porque les da vergüenza?
Lucien, inclinado sobre el telescopio, se detuvo y fingió estar muy pensativo.
—Mmm… tal vez las estrellas son tímidas porque no han escuchado su canción favorita. ¿Qué tal si les cantamos algo?
Emma, que estaba en cuclillas junto a una almohada, levantó las manos emocionada.
—¡Yo sé qué cantar! ¡La canción de "Twinkle Twinkle"! —exclamó, comenzando a tararear desentonadamente.
Olivia, siempre la más seria de los tres, cruzó los brazos y lo pensó un momento.
—Pero, papi, ¿las estrellas entienden nuestro idioma? Tal vez hablan… no sé, ¿el idioma de los marcianos?
Lucien se giró hacia ella con una sonrisa cómplice.
—Tienes razón, princesa. Tal vez deberíamos aprender marciano. ¿Alguien sabe cómo se dice "hola" en marciano?
James levantó la mano como si estuviera en clase.
—¡Yo sé, yo sé! Se dice "¡Blip blop bloop!" —gritó, sacando la lengua y moviendo las manos como si fueran antenas.
Grace no pudo evitar reírse al ver a James haciendo el ridículo, seguido por Emma y Olivia, que se unieron al juego, repitiendo "blip blop bloop" mientras daban vueltas alrededor de la fogata. Lucien se llevó una mano a la frente, fingiendo desesperación.
—¡Por todos los cielos! Ahora sí que las estrellas van a pensar que somos extraterrestres.
—¡Somos extraterrestres! —gritó Emma, subiéndose a una almohada como si fuera su nave espacial. James y Olivia la siguieron, riendo a carcajadas.
Lucien los dejó jugar un rato antes de alzar las manos, reclamando su atención.
—Está bien, pequeños invasores. Si quieren ver las estrellas, tendrán que calmarse y venir aquí. —Su voz era firme, pero la calidez en su tono los hizo obedecer de inmediato. Los trillizos corrieron hacia él y se sentaron en círculo, con los ojos brillando de anticipación.
—Papi, ¿qué son las estrellas? —preguntó Olivia, abrazando sus rodillas.
Lucien tomó aire, mirando el cielo despejado. Su voz se suavizó al explicar:
—Las estrellas son como pequeños faroles en el cielo, hija. Algunas están tan lejos que su luz tarda millones de años en llegar hasta nosotros. Es como si estuviéramos viendo un mensaje del pasado.
Los niños lo miraban con los ojos muy abiertos, fascinados.
—¿Entonces… es como si las estrellas fueran fantasmas? —preguntó James en un susurro dramático.
—No exactamente, campeón —respondió Lucien, conteniendo una sonrisa—. Pero sí, podríamos decir que son recuerdos del universo. Y cada una de ellas tiene su propia historia.
Emma lo miró con admiración y luego se lanzó a abrazarlo sin previo aviso.
—¡Tú sabes todo, papi! ¡Eres el mejor papá del universo!
—¡Sí, el mejor! —gritó James, uniéndose al abrazo.

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