C114- VUELO A FRANCIA.
Madison, temblando de rabia, se soltó bruscamente y, en un arrebato, empujó a Kate hacia atrás, haciéndola tropezar y golpearse la cintura contra el borde de una mesa, dejando escapar un jadeo de dolor.
Madison se inclinó hacia ella, con una sonrisa cruel.
—¿Ves? No eres tan fuerte como crees. Y Aaron no va a salvarte, Kate. Porque, al final del día, eres solo un adorno. Una esposa perfecta para mostrar al mundo, mientras él sigue siendo el mismo mujeriego de siempre.
Kate se irguió, ignorando el dolor en su costado. Su mirada era de puro fuego, pero no respondió. Tomó su bolso y caminó hacia la salida. Al cruzar el umbral, sintió cómo la rabia y el dolor la consumían. La casa que debía ser un símbolo de un nuevo comienzo ahora se sentía como una prisión, un recordatorio de lo frágil que era su relación con Aaron. Pero si algo sabía con certeza, era que no iba a dejar que Madison ganara.
No ahora.
No nunca.
Dos días después, el teléfono de Kate sonó. Era Aaron. Su voz se escuchaba cansada, pero había algo en su tono cálido que la hizo sentir segura, como si por un momento todo estuviera bien.
—¿Cómo está el bebé? —preguntó, con un toque de ternura que hizo que el corazón de Kate latiera un poco más rápido.
Ella respiró profundo, recordando las palabras de Madison, pero decidió no dejar que eso la afectara.
—Está creciendo fuerte —respondió, con una sonrisa que intentaba sonar despreocupada.
Aaron dejó escapar una pequeña risa.
—Me encantaría estar ahí para sentirlo.
—Lo sé —murmuró ella, sin poder evitar que una chispa de esperanza se encendiera en su interior.
Aaron, como si pudiera leer entre líneas, añadió con una promesa que sonó tan real que casi podía tocarla:
—Regresaré pronto.
Kate quiso creerle, pero había algo en su voz que delataba su cautela. Y Aaron lo notó enseguida.
—¿Estás bien?
Kate estuvo a punto de contarle sobre Madison, sobre todo lo que había pasado y cómo eso la había dejado inquieta, pero cambió de opinión en el último segundo. Según ella, no valía la pena.
—Gracias por el regalo —dijo en su lugar, cambiando de tema.
Y Aaron rió suavemente.
—¿Te gustó? Si no, aún hay tiempo de cambiarlo. Solo quiero que estés feliz ahí.
—Es perfecto —aseguró Kate, y lo decía en serio.
—Oh, casi lo olvido, mi cumpleaños es pronto.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que Aaron respondiera, genuinamente sorprendido:
—¿Cuándo?
—La próxima semana —contestó ella, con un tono más ligero—. Será especial si estás aquí. Quizás podríamos organizar algo pequeño.

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