C113- CRISANTEMOS.
Kate estaba sentada en el sofá, mirando por la ventana mientras la lluvia golpeaba suavemente los cristales. Hacía una semana que no sabía nada de Aaron, y aunque intentaba mantenerse ocupada, la incertidumbre comenzaba a desgastarla. De repente, el timbre de la puerta rompió el silencio. Al abrir, se encontró con un hombre vestido impecablemente, con una carpeta en mano y una sonrisa profesional.
—¿Señora Anderson? —preguntó el hombre, ajustándose las gafas.
—Sí, soy yo. ¿En qué puedo ayudarle?
El hombre extendió una carpeta hacia ella.
—Soy del equipo de bienes raíces encargado de la propiedad que el señor Anderson adquirió recientemente. Estoy aquí para informarle que la casa está lista para ser decorada. Él solicitó algunas remodelaciones específicas, y ahora todo está en orden. Solo faltan los toques finales, y quería entregarle las llaves personalmente.
Kate sintió que el aire se detenía a su alrededor. ¿Una casa? ¿Aaron había comprado una casa? Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Una casa? —repitió, sin poder ocultar su asombro—. ¿Está seguro de que no hay un error?
El hombre sonrió con amabilidad.
—No hay error, señora Anderson. Su esposo compró la propiedad hace unas semanas. De hecho, pidió algunas modificaciones pensando en su comodidad. —El hombre hojeó la carpeta y añadió—: Recuerdo que especificó algo muy claro: "Quiero que cada rincón de esta casa sea un lugar donde mi esposa pueda sentirse segura, feliz y amada."
Las palabras del hombre hicieron que los ojos de Kate se llenaran de lágrimas. Aaron había estado pensando en ella todo este tiempo. Tomó las llaves con manos temblorosas, recordando las palabras de Aaron sobre una sorpresa. Su pecho se llenó de emoción al darse cuenta de que él estaba construyendo una vida para los dos.
—Gracias —murmuró, apenas capaz de hablar.
El hombre inclinó la cabeza, sonriendo.
—Estoy seguro de que le encantará. Es un lugar precioso, para formar una familia.
Más tarde ese día, con las llaves de la nueva casa en su bolso, Kate decidió pasar por la mansión. Quería recoger algunas cosas antes de visitar la propiedad. Pero al entrar, se detuvo en seco. Allí, en medio del vestíbulo, estaba Madison. Su cabello perfectamente arreglado, su postura altiva y una expresión que mezclaba sorpresa y desagrado al verla.
—¿Tú? —dijo Kate, frunciendo el ceño—. ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas de viaje con Aaron.
Madison giró sobre sus tacones y mostró su sonrisa afilada como una daga.
—Oh, eso... —hizo un gesto vago con la mano—. Hubo un cambio de planes de última hora. Aaron me pidió que me quedara para ayudarte con todo lo que necesitaras para la nueva casa. Ya sabes, alguien tiene que asegurarse de que todo esté perfecto para la gran señora Anderson.
Kate alzó una ceja, cruzándose de brazos mientras la observaba con atención. La mentira era evidente en cada palabra de Madison, pero Kate no dijo nada.
«Afortunadamente no le mencioné nada», pensó. «O hubiera quedado como una celosa sin sentido».
—Qué considerada —respondió Kate con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Madison se acercó, tratando de esconder su veneno.
—De hecho, ya he avanzado bastante. Elegí una paleta de colores para la decoración. Blanco y negro. Creo que es perfecta para ustedes. El blanco para la perfección que todos esperan de su matrimonio, y el negro... bueno, para lo que realmente hay debajo.

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