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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 112

C112- LA DECISIÓN ES TUYA.

—Así que, hija… la decisión es tuya —dijo Alexander, su tono solemne y definitivo—. ¿Te casas o no con Lucien Stanton?

Alexander la miraba con una ternura que contrastaba con la firmeza en sus ojos. Era la mirada de alguien dispuesto a enfrentarse al mundo entero si con ello lograba protegerla. A su lado, Lucien se mantenía de pie, pero su aparente seguridad comenzaba a desmoronarse. Había un destello de vulnerabilidad en su expresión mientras esperaba, casi conteniendo la respiración, la respuesta de Grace.

Por otro lado, Alaric observaba la escena con una satisfacción apenas disimulada. Todo iba tal como lo había planeado. Si Grace aceptaba, Alexander tendría que ceder un porcentaje significativo de sus empresas. Pero si ella se negaba, Alexander enfrentaría una penalización económica devastadora: una cláusula en el contrato estipulaba que tendría que pagar una indemnización multimillonaria a los Stanton, lo que pondría en riesgo la estabilidad de varias de sus empresas más importantes. Para Alaric, esto era una victoria asegurada, sin importar el desenlace.

Era un juego donde, de cualquier forma, él ganaría.

Grace miró a los demás socios y luego a su padre. Todos estaban expectantes, esperando su respuesta. Pero ella estaba atrapada en un torbellino de emociones. Aún amaba al padre de sus hijos, pero la duda la carcomía. ¿Cómo confiar en que Lucien no la lastimaría de nuevo? Y atarse a él en un matrimonio se sentía como un paso demasiado rápido, demasiado arriesgado. Al mismo tiempo, el miedo de perjudicar a su padre si rechazaba la propuesta la llenaba de incertidumbre. Alexander ya le había explicado las consecuencias de un “no”, pero allí estaba, apoyándola a pesar de todo.

Respiró hondo, intentando calmar el torbellino de emociones que la invadía. Finalmente, levantó la mirada.

—Me gustaría que Lucien y yo habláramos a solas.

Los murmullos entre los socios no se hicieron esperar. Alexander asintió, comprendiendo la petición de su hija, pero Alaric frunció el ceño, claramente molesto.

—¿A solas? —bufó el anciano, golpeando su bastón contra el suelo—. ¿Qué tanto necesitas para decir sí o no?

Lucien giró la cabeza hacia su abuelo, lanzándole una mirada de reproche.

—Abuelo… —empezó a decir, pero Grace lo interrumpió.

—Señor Stanton, esto es un asunto personal. Usted no tiene participación aquí, así que le agradecería que nos dejara a solas.

El viejo apretó con fuerza la cabeza de su bastón y resopló con enojo.

—Deberías recordar, muchacha, que este contrato no se hizo para satisfacer tus caprichos —dijo, antes de girarse hacia la puerta—. Pero ya veremos cuán lejos puedes llegar sola.

Con un gesto molesto, abandonó la sala, seguido por los demás, incluido Alexander, quien le lanzó una última mirada de apoyo a su hija antes de cerrar la puerta tras de sí.

El silencio que quedó fue pesado, casi sofocante. Grace y Lucien se miraron, midiendo al otro como dos oponentes en un duelo. Pero fue Lucien quien rompió el silencio.

—Grace… —empezó, su voz cargada de sinceridad—. Quizás piensas que soy un aprovechado, y no voy a negarlo. Cuando mi abuelo lo mencionó, lo tomé como mi última oportunidad para recuperarte, para cambiar mis errores.

Dio un paso hacia ella, temeroso, casi inseguro.

—No puedes culparme por querer luchar por ti.

Grace lo observó en silencio. Una parte de ella no podía evitar disfrutar de la desesperación en los ojos de Lucien, una especie de dulce venganza para su orgullo. Pero al mismo tiempo, sabía que eso no era suficiente. Necesitaba más que palabras.

Se levantó con calma, alisó su vestido bajo la mirada fija de Lucien y caminó hacia el minibar, donde se sirvió un vaso de agua.

—Necesito más que ganas, Lucien —dijo, girándose para mirarlo mientras tomaba un sorbo. Sus hombros estaban rectos, su barbilla ligeramente alzada, proyectando una determinación que parecía inquebrantable—. Necesito hechos, no palabras.

Él parpadeó, visiblemente confundido.

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