C111- LA DECISIÓN ES TUYA.
—¡¿Qué significa esto, Alexander?! —exigió—. ¿El treinta por ciento? ¿Ella? Esto debe ser una broma. No puedo imaginar que alguien como tú —dijo, señalando a Grace con desprecio— tenga la capacidad de manejar algo tan crucial.
Grace no pestañeó. Su rostro permaneció sereno, pero sus ojos mostraban un destello de acero. Lo enfrentó, sin vacilar un segundo.
—¿Alguien como yo? —repitió—. Oh, entiendo. Quizás te refieres a alguien joven, o tal vez a una mujer. Pero lo que olvidaste considerar, Alaric, es que no estoy aquí para pedir tu aprobación. Estoy aquí porque tengo algo que tú no puedes ignorar: el treinta por ciento de esta empresa... y un apellido que pesa tanto como el tuyo.
Alaric apretó los dientes, intentando mantener la compostura, pero era evidente que la situación se le iba de las manos.
—Mira, niña —dijo, con un tono cargado de sarcasmo y desprecio—. Esta empresa no es un juego de muñecas. Aquí se toman decisiones serias, decisiones que requieren experiencia, no entusiasmo juvenil. ¿Estás segura de que no prefieres dedicarte a algo más... acorde a tus capacidades?
Grace sonrió. Era como si hubiera estado esperando exactamente ese comentario.
—Qué curioso que menciones la experiencia, Alaric. Porque he revisado con mi hermano los últimos informes bajo tu mando y parece que tu experiencia nos ha costado millones en decisiones mal calculadas. Pero no te preocupes, estoy aquí para asegurarme de que eso no vuelva a ocurrir.
El golpe fue directo y brutal. Los directivos no pudieron evitar intercambiar miradas nerviosas. Alexander, que hasta ese momento había permanecido en silencio, decidió intervenir, pero lo hizo de manera sutil, dejando que su hija liderara.
—Grace tiene todo mi respaldo —dijo—. Y creo que todos aquí estarán de acuerdo en que su participación solo puede beneficiar a esta empresa.
Alaric, incapaz de contener su enojo, se inclinó hacia adelante, señalando a Grace con un dedo tembloroso.
—¡No! ¡Me niego! Esta empresa ha sido manejada por mi familia durante generaciones. No voy a permitir que alguien como tú venga a darme lecciones. Si crees que puedes sentarte aquí y dar órdenes, estás muy equivocada. ¡No lo permitiré!
Luego, se giró hacia los demás socios.
—Propongo una votación. Quiero saber si alguien más está de acuerdo con esta locura.
Alexander soltó una carcajada seca, cruzando los brazos mientras observaba a Alaric con burla y desafío.
—Adelante. Que voten. Estoy seguro de que todos aquí tienen muy claro lo que es mejor para esta empresa.
Uno a uno, los socios comenzaron a alzar la mano, apoyando la decisión de Alexander. La mayoría mostró su respaldo sin titubear, y los pocos que parecían dudar finalmente también votaron a favor. Grace observó con expresión tranquila, pero cuando la votación terminó, su sonrisa se ensanchó.
—Lo ve, señor Stanton. Ni siquiera los socios más antiguos confían en usted.
La cara de Alaric era una máscara de impotencia y rabia. Sin opciones, su mirada se desvió hacia Lucien, quien hasta ese momento había permanecido en silencio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!