C105- MON AMOUR.
Eros la vió derrumbarse frente a él, sus sollozos llenando el silencio de la habitación. Y algo dentro de él se agitó al verla así, rota, vulnerable. Extendió una mano hacia ella, casi como un reflejo, como si quisiera tocarla, consolarla... pero se detuvo a medio camino. Sus dedos temblaron ligeramente antes de retraerse, cerrando el puño como si la cercanía con ella le quemara.
Sabía del matrimonio de su hermano, claro que lo sabía. Ezra había sido claro al presumir su "alianza estratégica", como la llamaba. Pero nunca, ni por un segundo, había imaginado que Lucy estuviera atrapada en un infierno como este. Y mucho menos que Ezra sufriera de impotencia.
Ahora todo tenía sentido: el carácter volátil de su hermano, su rabia contenida, su obsesión desmedida por el control. No se trataba solo de no poder estar con una mujer; era la humillación de no poder producir un heredero, algo que para alguien como Ezra era un golpe directo a su ego y su linaje.
Y Lucy… Lucy había pagado el precio de esa frustración.
Los sollozos de la joven lo sacaron de sus pensamientos. Eros sacó un pañuelo de su bolsillo y, con un movimiento lento y calculado, se lo tendió. Sus ojos grises se suavizaron apenas, aunque su voz seguía cargada de firmeza.
—No llores por él, belleza. Ezra no merece tus lágrimas.
Lucy levantó la mirada, sorprendida por la dulzura inesperada en sus palabras. Sus manos temblaban cuando tomó el pañuelo, y lo usó para secarse las lágrimas mientras trataba de calmarse. Sus dedos rozaron la tela con cuidado, como si fuera algo precioso.
Eros suspiró y se metió las manos en los bolsillos, su mente trabajando a toda velocidad. Todo esto era un caos, pero también una oportunidad. La reunión de la sociedad secreta estaba a la vuelta de la esquina, y necesitaba una mujer para cumplir con las reglas.
Ahora, de repente, tenía a Lucy.
Una sonrisa fría se formó en sus labios. El destino, al parecer, tenía un extraño sentido del humor.
—Dime algo. —su voz rompió el silencio —. ¿Por qué viniste a mí? ¿Por qué no fuiste con tu familia?
Lucy negó con la cabeza, tragando con fuerza mientras trataba de calmar su respiración.
—Mi familia no me ayudará —dijo y mirándolo suplicante—. Si Ezra sabe que estoy allí, irá por mí. Pero aquí… aquí él no se atrevería a entrar.
Eros analizando cada palabra, cada gesto. Lucy había llegado a él porque no tenía otra opción, porque su mundo entero se había reducido a un solo lugar seguro: él. Y aunque no lo admitiera, esa confianza ciega en su protección lo afectó más de lo que esperaba.
Con un movimiento lento y deliberado, le levantó la barbilla, obligándola a mirarlo.
—¿Por qué, belleza? ¿Por qué no vendría?
Lucy tragó saliva, sus ojos brillaban con nerviosismo bajo la intensidad de su cuñado. Se sentía pequeña, vulnerable, pero sabía que no podía retroceder ahora.

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